BON: te quiero
Dicen que el amor no entiende de razas, distancias, sexo o edad. Pero, ¿realmente la sociedad esta preparada para ello? ¿Cómo alguien no puede aceptar el amor entre dos personas? ¿Por que entierran algo tan bonito en el olvido? ¿Cual seria la unica salida? Un amor destinado a la separacion...
-Gracias Amanda ;)
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Bienvenid@s!
Hola! Antes que nada, gracias por el simple hecho de entrar aquí. Aquí os pondré mis historias, mis pensamientos y siempre van a tener como protagonistas a los chicos de Tokio Hotel, aunque no siempre saldrán como tal.
Espero que os guste y que os divirtáis leyendo y pido una única cosa, en esta actual historia los cuatro chicos no son los protagonistas, es mi primera historia así, y me encantaría que a continuación me contárais que os parece.
Me alegraría muchísimo saber que cada visitante elige su opinión en la encuesta =)
Muchísimas gracias por vuestra atención, y espero, sigáis entrando ;)
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lunes, 29 de marzo de 2010
Capítulo 3. Jeremy
En este capítulo aparecen:
-¿Quieres algo?-me preguntó por tercera vez.
-Venga, vale-dije cansado de tantas veces que me lo preguntó.
-Lo sabía-se levantó-. De paso voy hacer una llamada, ¿pasa algo si te dejo aquí solito?-me acarició el rostro y yo me aparté.
-Mamá por favor, que no soy un crío-miré a todas partes a ver si alguien nos había visto.
-Oh, es verdad. Dísculpeme-le devolví la sonrisa y después se dio media vuelta.
La vi marchar y cuando ya estuvo lejos, volví a sacar el diario. Por donde me quedé.
Aquel chico de piel oscura y demasiado atractivo me dejó sin habla, además de que… estaba en mi sitio. No en mi sitio pero, las mesas estaban de dos en dos y en matemáticas me siento sola porque si me siento con alguién le preguntaré o me copiaré de sus ejercicios, cuando esto, tengo que sacarlo yo solita. Por muy guapo que sea el chico de mi lado…
-Giselle-sentí la voz de Isidro, el profesor, trás de mí.
-¿Sí?-pegué un salto, mirándolo.
-¿Qué haces de pie?
-Bueno, ¿por qué tengo compañero de asiento?
-El chico es nuevo y puesto que necesitas un poco de ayuda él te vendrá genial.
-Pero sabe que quiero estar sola-reclamé.
-Venga Giselle, tengo que empezar la clase-y dicho eso, no discutí con él porque no pude pensar en nada más. No fue porque yo quise, sino porque mi subconsciente quiso que me sentara inmediatamente al lado de él.
Mmmm, pude olerle desde mi asiento y me encantó el olor varonil de… ¿Cómo se llama? Me puse un poco nerviosa y noté como mis mejillas se encendían. Tendría que entablar una conversación, ante todo soy muy educada.
Lo miré por el rabillo del ojo; atendía o eso parecía al profesor mientras jugaba con el bolígrafo que estaba en sus manos. Eso era señal de que estaba nervioso… ¿por mí?
-Hola-me atreví a decir en un susurro.
-Hola-me contestó, algo tímido. Me encantó su voz un poco grave, pero muy dulce.
-¿Cómo te llamas?
-Jeremy Stones-precioso.
-Yo soy Giselle. Encantada-sonreí, nerviosa-. Eres el nuevo, ¿verdad? El de San Francisco.
-Sí-me sonrió y fue lo más bonito que he visto.
-Vaya, hablas muy bien el español-apunté.
-Mi padre sabía que vendríamos aquí tarde o temprano, por eso hizo que aprendiéramos español.
-Mmmm. ¿Hace mucho que vives aquí?
-El mes pasado-casi me derrito, me estaba mirando más de tres segundos seguido a los ojos-. Lo que pasa es que estábamos con la mudanza y esas cosas del cambio y no pude empezar como era debido.
-Y bueno, ¿a qué curso vas?-pregunté, más nerviosa todavía. Resulta que la clase de matemáticas está mezclada, los grupos del A con los del B; y espero que sea del B…
-Soy del A-mierda. Asentí con la cabeza.
Después, desvió la mirada hacia el profesor cosa que hice yo también pensando en que podría preguntarle más.
-¿Y por qué no quieres compañero?-me sorprendió que me hablara él, tardé en asimilar sus palabras.
-Pues porque, las mates no se me dan bien y no quiero que nadie me ayude así que, no te creas que porque te haya dejado que te sientes aquí voy a dejar que me ayudes-la sonrisa se le borró de la cara. Me di cuenta que mis palabras no fueron lo más amable y eso, debio de molestarle-. Lo siento, no quería hablarte así-me puse una mano en el pecho, sintiéndome culpable.
-No pasa nada-sonrió-. Pensé que por un momento me irías a pegar-reímos. Me mordí el labio inferior, avergonzada.
-Giselle, ¿por qué no os cayáis tú y tu compañero?-desvíamos la mirada.
-Lo siento profesor pero ya que está a mi lado y es nuevo, tendré que conocerle-me justifiqué.
-¿Y tiene que ser en mi clase?-callé y continuó con lo suyo.
No pude hablar más con él ya que Isidro nos mandó copiar unos apuntes que caían fijos en el examen.
Pero no pude dejar de mirarle por el rabillo del ojo. Me llamó tanto la atención, me… gusto tanto. Sí, y sé que está mal. Por Bill, pero Jeremy tiene algo que… Suspiré.
El timbre sonó.
-Hasta mañana-se despidió Isidro.
Mientras, veía como recogía sus cosas y ya no nos iríamos a ver hasta mañana. Por primera vez quiero a las matemáticas.
-Hey-Georg me dio por detrás.
-¿Qué tal?-me di media vuelta y vi también a Gustav.
Georg y Gustav van conmigo a mates también y ellos si coinciden con Jeremy en todas las clases…
-Te han puesto compi, ¿eh?-alzaba las cejas Gustav.
-Sí-fingí un resoplido-. Os lo presentaré-se me ocurrió-. Jeremy-se paró y vino hacia a mí-. Este es Georg y Gustav-se chocaron la mano.
-¿El de San Francisco?-señaló Georg.
-¿Todo el mundo sabe qué vengo de San Francisco?-sonrió vacilante.
-No pasan por aquí muchos americanos y menos…-se mordió la lengua. Todos comprendimos porque y nos sentimos incómodos.
-Y menos negros-continuó él, pero con una sonrisa amable-. No te preocupes-sacudió la cabeza-. Es la verdad, soy negro no puedo hacer otra cosa-rió y le acompañamos.
-¿Vas al B o al A?-preguntó Georg.
-Al B, como vosotros-me adelanté a contestar.
-¿Sabes el horario y esas cosas?
-Algo-achinó la mirada.
-Yo te lo dejo.
-Bueno chicos, os dejo que ahora me toca filosofía-resoplé.
-Hasta luego-me dijeron todos.
Me despedí de ellos no sin antes cruzar miradas con Jeremy. ¡¡Me derretía!! No entiendo porqué, nunca me había pasado. Si quiera con Bill…
-Preciosa-sentí en mi oreja izquierda. Bill me cogió por detrás rodéandome la cintura con sus brazos besándome la mejilla.
-Hey…-pude decir.
-¿Vamos a clase? Tenía ganas de estar contigo-me dio la vuelta para que estuviésemos cara con cara.
-Claro que sí-me acerqué un poco y rocé sus labios.
Nos cogimos de la mano y nos adelantamos a Sara y a Tom que al parecer, ya había arreglado lo suyo. Como siempre…
En clase, mientras toda la clase se entretenía con lo que podía, aburridos de escuchar al profe de filosofía, yo estaba sumida en mis pensamientos.
Jeremy me había impactado de tal manera que si mirada, no podía borrarla de mi mente. ¿Por qué del chico qué estoy enamorada no me ocurre? Entonces, llegué a la conclusión. ¿Y si de Bill no estoy enamorada realmente?
Lo miré por el rabillo del ojo. La verdad, es que no se como puedo pensar en estas cosas cuando acabo de conocer a Jeremy. A Bill lo conozco de toda la vida y somos el uno para el otro. Somos la pareja perfecta y Jeremy…
-El avión va a salir ya-mamá estaba a mi lado.
-¿Hace cuánto estás aquí?-pregunté con el ceño fruncido.
-Llevo aquí media hora. Te va interesando, ¿verdad?
-Mucho-dije después de asentir con la cabeza.
-Lo sé-agacho la mirada, triste-. Tenemos que irnos-se levantó aún mirando al suelo. Me dio las espaldas y cuando su ánimo estaba bien volvió a mirarme.
Doblé la esquina y volví a guardarlo en la mochila. Seguí a mamá y fuimos de inmediato a meternos en el avión.
Nos sentamos en el ala y dejé a mamá en la ventana para que disfrutara ella del paisaje, yo iba a estar leyendo todo el rato.
Mientras la gente entraba y se colocaban bien, podría haber seguido con el libro, pero no quería dejar a mamá tanto tiempo sola. Además de que necesito un poco de relajación para meterme bien en la historia.
Nos mandaron a abrocharnos el cinturón; el avión estaba casi al completo para que cerraran las puertas y despegar.
-¿Vas a leer todo el vuelo?
-Sí.
-Es largo…
-Lo sé, pero quiero hacerlo. ¿Te importa?
-Por supuesto que no-sacudió la cabeza-. Y si te preocupa dejarme sola para nada, me he traído trabajo-sacó unos papeles de su bolso y me sonrió.
Mi madre es periodista de una revista femenina, por eso tengo en mi habitación un cuadro lleno de fotos con famosas. Me encanta el trabajo de mi madre.
Los azafatos nos avisaron que pronto iríamos a despegar. La verdad es que estaba bastante nervioso; en mi vida he pisado un avión y encima estar tantas horas…
-¿Estás bien?-preguntó al ver que la mano me temblaba, y todo el cuerpo.
La miré un poco aterrado y sin decirle nada, me cogió de la mano y sentí como poco a poco me relajaba.
El avión arrancó motores y cogió una velocidad de vértigo; al despegar sentía que el estómago me iba a salir por la boca.
-Ya está-mamá me soltó de la mano para pasar a acariciar mi cara-. Ya estamos en el aire-suspiré y cerré los ojos, aliviado.
-Tendrías que haberme avisado de esto-repliqué.
-Lo siento-rió-. Bueno, voy a ponerme con esto. Si necesitas algo ya sabes.
-Sí, no te preocupes-me pasó su mano por mi cabeza después de sonreírme y clavó la mirada en sus papeles.
Cogí la mochila que dejè debajo del asiento y seguí leyendo por donde me quedé.
-¡¿En serio piensas eso?!-Sara reaccionó como si le hubiera confesado un crimen que había cometido-. La verdad no lo he visto, pero, pienso que debes de dejar de pensar en esas cosas. Ya tienes a Bill, que además de ser guapísimo, como su hermano, es encantador, te trata bien y siempre te da lo que le pides como…
-Como Tom, ¿no?-terminé la frase, aguantando una carcajada.
-Sé que no es el tío más perfecto del mundo-se puso seria-, pero le quiero. Y mucho.
-Y no te lo pongo en duda, pero has llegado a obsesionarte con él y pensar que nadie más que él te querrá. Que tienes que darle las gracias por que esté contigo. Y eso, no me parece nada bien-enarqué una ceja.
-Ya hemos hablado de esto. Quiero beber agua-desvió el tema.
En la fuente del patio nos encontramos a nuestros respectivos novios.
Como aún quedaban minutos para entrar a nuestra próxima clase, nos quedamos sentados en el banco aprovechando que hacia buen día.
-¿Ese es el nuevo?-preguntó Tom.
En cuanto escuché la palabra “nuevo” desvié rápidamente la mirada hacia donde la dirigía Tom, y efectivamente, Jeremy iba a pasar por nuestro lado.
Su andar era vacilante, como todos los raperos que yo conozco, incluyendo a Tom.
Pero a él, se le notaba que no era en plan “voy de chulo por la vida”; sino por, “quiero ser amable con todo el mundo“.
-Adiós-dijo, dedicándome una pequeña sonrisa.
-Adiós-le contesté igual, aguantándome las ganas de gritar.
-¿Lo conoces?-preguntó Tom, incrédulo. Todos esperaron mi respuesta, excepto Sara que ya la conocía y me sonreía divertida detrás de su novio, que no la viese.
-Sí, se sienta a mi lado en mates.
-Creía que no querías a nadie a tu lado-recordó Bill.
-¡Uy Bill! Que el negrito del África tropical nos quiere levantar la novia y ella no se queja-dijo riéndose.
-No seas idiota-le dedicó una mirada de enfado y Tom calló enseguida.
Después, Bill se giró para encontrarse con la mia, pidiendo explicaciones.
-Vale, el profesor me lo ha puesto ahí. Yo no quería que se pusiera a mi lado-en parte-. ¿Ya ibas hacer caso a tu hermano y dudar de mí?
-Eso no ha salido de mi boca.
-Pero me has pedido explicaciones con la mirada, ¿o no?-se quedó callado. Suficiente para mí.
No soy como Sara, por eso me levanté de un salto y fui directa a la clase con Bill pegado a mis pies.
Hasta que terminaron las clases no hablé con Bill. Pensé que tampoco había sido para tanto, además que no estoy yo como para enfadarme con él cuando soy yo la que piensa en otro chico. Jeremy…
Lo tenía que decir, me enamoré de su mirada, de sus labios, de su color… Me encantó.
-¡Giselle, vamos!-me gritó mi hermana al lado de Óscar y de nuestro coche.
-Tengo que irme-dije confusa por lo que acababa de confesar a mi fuero interno.
-Esta tarde te llamo. Te quiero-después de darme un intenso beso se dio media vuelta, al igual que yo.
-Vamos que es tarde-me decía Óscar, señalándome el reloj.
-Es que está con el novio. No puede despegarse de él-dijo mi hermana con sorna.
-Ya, será por eso, que lo tengo a el como novio-su rostro cambió y me miró con odio.
Me cerró la puerta en mis narices. Suspiré y volvi a abrirla, pero antes de entrar miré detrás de mi. Tenía la sensación que alguien me miraba y entonces lo vi a él que se giró bruscamente al ver que le había visto. Sonreí para mí y me metí en el coche.
-¿Qué tal el día?
-Como siempre. Hoy me han vuelto a expulsar de clase-dijo mi hermana, sonriendo con orgullo.
Teníamos esa confianza con Óscar, podíamos contarle cualquier cosa que no nos atreviéramos con nuestros padres. Él quedaría como una tumba.
-Ah, pues sigue así Elia. Verás como todo te saldrá bien.
-No ha sido mi culpa. La tía me ha dicho con malos modales que tirase el chicle. Entonces, yo le he respondido de la misma manera.
-No quiero ni saberlo-sacudió la cabeza-. ¿Y tú Giselle?
-Bien-me encogí de hombros-. Me han puesto a un chico a mi lado en matemáticas.
-¿Y eso?-preguntaron los dos, sorprendidos.
-Pues el chico es nuevo, y dice que me vendrá bien-sonreí, al recordarle.
-¡Oh! ¿Es el chico negro?-preguntó Elia, emocionada por averiguarlo.
-Sí, es ese chico de color-pensé que esa manera era más apropiada.
-¿Y es simpático? Para mi parecer es un chico tímido, no lo he visto hablar con nadie. Solo con sus cascos puestos. ¿Y sabes qué? Me recuerda a Tom, no se porqué…-comenzó a hablar para sí.
-El chico acaba de llegar, ¿cómo quieres que hable con todo el mundo? Poco a poco.
-¿Cómo se llama?-quiso saber Óscar.
-Jeremy-contesté, con una media sonrisa.
-Bueno, hasta el sábado chicas-nos dijo una vez aparcados frente a casa.
-¿Cómo que hasta el sábado?-preguntamos con el ceño fruncido.
-Vuestro padre me ha dado la tarde libre y mañana-nos guiñó el ojo.
-Me alegro. ¿Vas hacer algo con Leonor?-quise saber.
Para mi ellos son de la familia y me preocupo por ellos.
-La llevaré esta noche a un restaurante cerca de la playa aprovechando el buen tiempo.
-Eso es genial-mi hermana y yo sonreímos-. Que os lo paséis bien-Elia abrió la puerta y bajo del coche despidiéndose con la mano.
-Gracias.
-Lo mismo digo. Dale recuerdos de mi parte-rocé su mano.
-Se los daré-me sonrió dulcemente y me bajé del coche.
Al entrar dejé mis cosas en el hall para luego ir al comedor donde nos esperaba, como siempre, nuestra madre.
-Hola mamá-besé su mejilla. Elia ya se había sentado a esperar la comida-. ¿Papá tampoco viene a comer hoy?
-Que va-negó con la cabeza-. Lo siente mucho.
-Es igual-dijo Elia.
-¿Esta tarde váis a hacer algo?
-He quedado con Evelyn, tenemos que hacer un trabajo-dijo con desgana.
-Yo no lo sé. He quedado en que me llamará Bill, no sé que haremos después-resopló Elia.
-Ah-me sonrió-. Me gustaría que para el domingo no hiciérais planes. Quiero llevaros a una exposición que da el sobrino de mi amiga Marta.
-Por mi bien-dije y miramos a mi hermana.
-Vale, por mí también-acto seguido se llevó su vaso a sus labios.
-¿Quieres algo?-me preguntó por tercera vez.
-Venga, vale-dije cansado de tantas veces que me lo preguntó.
-Lo sabía-se levantó-. De paso voy hacer una llamada, ¿pasa algo si te dejo aquí solito?-me acarició el rostro y yo me aparté.
-Mamá por favor, que no soy un crío-miré a todas partes a ver si alguien nos había visto.
-Oh, es verdad. Dísculpeme-le devolví la sonrisa y después se dio media vuelta.
La vi marchar y cuando ya estuvo lejos, volví a sacar el diario. Por donde me quedé.
Aquel chico de piel oscura y demasiado atractivo me dejó sin habla, además de que… estaba en mi sitio. No en mi sitio pero, las mesas estaban de dos en dos y en matemáticas me siento sola porque si me siento con alguién le preguntaré o me copiaré de sus ejercicios, cuando esto, tengo que sacarlo yo solita. Por muy guapo que sea el chico de mi lado…
-Giselle-sentí la voz de Isidro, el profesor, trás de mí.
-¿Sí?-pegué un salto, mirándolo.
-¿Qué haces de pie?
-Bueno, ¿por qué tengo compañero de asiento?
-El chico es nuevo y puesto que necesitas un poco de ayuda él te vendrá genial.
-Pero sabe que quiero estar sola-reclamé.
-Venga Giselle, tengo que empezar la clase-y dicho eso, no discutí con él porque no pude pensar en nada más. No fue porque yo quise, sino porque mi subconsciente quiso que me sentara inmediatamente al lado de él.
Mmmm, pude olerle desde mi asiento y me encantó el olor varonil de… ¿Cómo se llama? Me puse un poco nerviosa y noté como mis mejillas se encendían. Tendría que entablar una conversación, ante todo soy muy educada.
Lo miré por el rabillo del ojo; atendía o eso parecía al profesor mientras jugaba con el bolígrafo que estaba en sus manos. Eso era señal de que estaba nervioso… ¿por mí?
-Hola-me atreví a decir en un susurro.
-Hola-me contestó, algo tímido. Me encantó su voz un poco grave, pero muy dulce.
-¿Cómo te llamas?
-Jeremy Stones-precioso.
-Yo soy Giselle. Encantada-sonreí, nerviosa-. Eres el nuevo, ¿verdad? El de San Francisco.
-Sí-me sonrió y fue lo más bonito que he visto.
-Vaya, hablas muy bien el español-apunté.
-Mi padre sabía que vendríamos aquí tarde o temprano, por eso hizo que aprendiéramos español.
-Mmmm. ¿Hace mucho que vives aquí?
-El mes pasado-casi me derrito, me estaba mirando más de tres segundos seguido a los ojos-. Lo que pasa es que estábamos con la mudanza y esas cosas del cambio y no pude empezar como era debido.
-Y bueno, ¿a qué curso vas?-pregunté, más nerviosa todavía. Resulta que la clase de matemáticas está mezclada, los grupos del A con los del B; y espero que sea del B…
-Soy del A-mierda. Asentí con la cabeza.
Después, desvió la mirada hacia el profesor cosa que hice yo también pensando en que podría preguntarle más.
-¿Y por qué no quieres compañero?-me sorprendió que me hablara él, tardé en asimilar sus palabras.
-Pues porque, las mates no se me dan bien y no quiero que nadie me ayude así que, no te creas que porque te haya dejado que te sientes aquí voy a dejar que me ayudes-la sonrisa se le borró de la cara. Me di cuenta que mis palabras no fueron lo más amable y eso, debio de molestarle-. Lo siento, no quería hablarte así-me puse una mano en el pecho, sintiéndome culpable.
-No pasa nada-sonrió-. Pensé que por un momento me irías a pegar-reímos. Me mordí el labio inferior, avergonzada.
-Giselle, ¿por qué no os cayáis tú y tu compañero?-desvíamos la mirada.
-Lo siento profesor pero ya que está a mi lado y es nuevo, tendré que conocerle-me justifiqué.
-¿Y tiene que ser en mi clase?-callé y continuó con lo suyo.
No pude hablar más con él ya que Isidro nos mandó copiar unos apuntes que caían fijos en el examen.
Pero no pude dejar de mirarle por el rabillo del ojo. Me llamó tanto la atención, me… gusto tanto. Sí, y sé que está mal. Por Bill, pero Jeremy tiene algo que… Suspiré.
El timbre sonó.
-Hasta mañana-se despidió Isidro.
Mientras, veía como recogía sus cosas y ya no nos iríamos a ver hasta mañana. Por primera vez quiero a las matemáticas.
-Hey-Georg me dio por detrás.
-¿Qué tal?-me di media vuelta y vi también a Gustav.
Georg y Gustav van conmigo a mates también y ellos si coinciden con Jeremy en todas las clases…
-Te han puesto compi, ¿eh?-alzaba las cejas Gustav.
-Sí-fingí un resoplido-. Os lo presentaré-se me ocurrió-. Jeremy-se paró y vino hacia a mí-. Este es Georg y Gustav-se chocaron la mano.
-¿El de San Francisco?-señaló Georg.
-¿Todo el mundo sabe qué vengo de San Francisco?-sonrió vacilante.
-No pasan por aquí muchos americanos y menos…-se mordió la lengua. Todos comprendimos porque y nos sentimos incómodos.
-Y menos negros-continuó él, pero con una sonrisa amable-. No te preocupes-sacudió la cabeza-. Es la verdad, soy negro no puedo hacer otra cosa-rió y le acompañamos.
-¿Vas al B o al A?-preguntó Georg.
-Al B, como vosotros-me adelanté a contestar.
-¿Sabes el horario y esas cosas?
-Algo-achinó la mirada.
-Yo te lo dejo.
-Bueno chicos, os dejo que ahora me toca filosofía-resoplé.
-Hasta luego-me dijeron todos.
Me despedí de ellos no sin antes cruzar miradas con Jeremy. ¡¡Me derretía!! No entiendo porqué, nunca me había pasado. Si quiera con Bill…
-Preciosa-sentí en mi oreja izquierda. Bill me cogió por detrás rodéandome la cintura con sus brazos besándome la mejilla.
-Hey…-pude decir.
-¿Vamos a clase? Tenía ganas de estar contigo-me dio la vuelta para que estuviésemos cara con cara.
-Claro que sí-me acerqué un poco y rocé sus labios.
Nos cogimos de la mano y nos adelantamos a Sara y a Tom que al parecer, ya había arreglado lo suyo. Como siempre…
En clase, mientras toda la clase se entretenía con lo que podía, aburridos de escuchar al profe de filosofía, yo estaba sumida en mis pensamientos.
Jeremy me había impactado de tal manera que si mirada, no podía borrarla de mi mente. ¿Por qué del chico qué estoy enamorada no me ocurre? Entonces, llegué a la conclusión. ¿Y si de Bill no estoy enamorada realmente?
Lo miré por el rabillo del ojo. La verdad, es que no se como puedo pensar en estas cosas cuando acabo de conocer a Jeremy. A Bill lo conozco de toda la vida y somos el uno para el otro. Somos la pareja perfecta y Jeremy…
-El avión va a salir ya-mamá estaba a mi lado.
-¿Hace cuánto estás aquí?-pregunté con el ceño fruncido.
-Llevo aquí media hora. Te va interesando, ¿verdad?
-Mucho-dije después de asentir con la cabeza.
-Lo sé-agacho la mirada, triste-. Tenemos que irnos-se levantó aún mirando al suelo. Me dio las espaldas y cuando su ánimo estaba bien volvió a mirarme.
Doblé la esquina y volví a guardarlo en la mochila. Seguí a mamá y fuimos de inmediato a meternos en el avión.
Nos sentamos en el ala y dejé a mamá en la ventana para que disfrutara ella del paisaje, yo iba a estar leyendo todo el rato.
Mientras la gente entraba y se colocaban bien, podría haber seguido con el libro, pero no quería dejar a mamá tanto tiempo sola. Además de que necesito un poco de relajación para meterme bien en la historia.
Nos mandaron a abrocharnos el cinturón; el avión estaba casi al completo para que cerraran las puertas y despegar.
-¿Vas a leer todo el vuelo?
-Sí.
-Es largo…
-Lo sé, pero quiero hacerlo. ¿Te importa?
-Por supuesto que no-sacudió la cabeza-. Y si te preocupa dejarme sola para nada, me he traído trabajo-sacó unos papeles de su bolso y me sonrió.
Mi madre es periodista de una revista femenina, por eso tengo en mi habitación un cuadro lleno de fotos con famosas. Me encanta el trabajo de mi madre.
Los azafatos nos avisaron que pronto iríamos a despegar. La verdad es que estaba bastante nervioso; en mi vida he pisado un avión y encima estar tantas horas…
-¿Estás bien?-preguntó al ver que la mano me temblaba, y todo el cuerpo.
La miré un poco aterrado y sin decirle nada, me cogió de la mano y sentí como poco a poco me relajaba.
El avión arrancó motores y cogió una velocidad de vértigo; al despegar sentía que el estómago me iba a salir por la boca.
-Ya está-mamá me soltó de la mano para pasar a acariciar mi cara-. Ya estamos en el aire-suspiré y cerré los ojos, aliviado.
-Tendrías que haberme avisado de esto-repliqué.
-Lo siento-rió-. Bueno, voy a ponerme con esto. Si necesitas algo ya sabes.
-Sí, no te preocupes-me pasó su mano por mi cabeza después de sonreírme y clavó la mirada en sus papeles.
Cogí la mochila que dejè debajo del asiento y seguí leyendo por donde me quedé.
-¡¿En serio piensas eso?!-Sara reaccionó como si le hubiera confesado un crimen que había cometido-. La verdad no lo he visto, pero, pienso que debes de dejar de pensar en esas cosas. Ya tienes a Bill, que además de ser guapísimo, como su hermano, es encantador, te trata bien y siempre te da lo que le pides como…
-Como Tom, ¿no?-terminé la frase, aguantando una carcajada.
-Sé que no es el tío más perfecto del mundo-se puso seria-, pero le quiero. Y mucho.
-Y no te lo pongo en duda, pero has llegado a obsesionarte con él y pensar que nadie más que él te querrá. Que tienes que darle las gracias por que esté contigo. Y eso, no me parece nada bien-enarqué una ceja.
-Ya hemos hablado de esto. Quiero beber agua-desvió el tema.
En la fuente del patio nos encontramos a nuestros respectivos novios.
Como aún quedaban minutos para entrar a nuestra próxima clase, nos quedamos sentados en el banco aprovechando que hacia buen día.
-¿Ese es el nuevo?-preguntó Tom.
En cuanto escuché la palabra “nuevo” desvié rápidamente la mirada hacia donde la dirigía Tom, y efectivamente, Jeremy iba a pasar por nuestro lado.
Su andar era vacilante, como todos los raperos que yo conozco, incluyendo a Tom.
Pero a él, se le notaba que no era en plan “voy de chulo por la vida”; sino por, “quiero ser amable con todo el mundo“.
-Adiós-dijo, dedicándome una pequeña sonrisa.
-Adiós-le contesté igual, aguantándome las ganas de gritar.
-¿Lo conoces?-preguntó Tom, incrédulo. Todos esperaron mi respuesta, excepto Sara que ya la conocía y me sonreía divertida detrás de su novio, que no la viese.
-Sí, se sienta a mi lado en mates.
-Creía que no querías a nadie a tu lado-recordó Bill.
-¡Uy Bill! Que el negrito del África tropical nos quiere levantar la novia y ella no se queja-dijo riéndose.
-No seas idiota-le dedicó una mirada de enfado y Tom calló enseguida.
Después, Bill se giró para encontrarse con la mia, pidiendo explicaciones.
-Vale, el profesor me lo ha puesto ahí. Yo no quería que se pusiera a mi lado-en parte-. ¿Ya ibas hacer caso a tu hermano y dudar de mí?
-Eso no ha salido de mi boca.
-Pero me has pedido explicaciones con la mirada, ¿o no?-se quedó callado. Suficiente para mí.
No soy como Sara, por eso me levanté de un salto y fui directa a la clase con Bill pegado a mis pies.
Hasta que terminaron las clases no hablé con Bill. Pensé que tampoco había sido para tanto, además que no estoy yo como para enfadarme con él cuando soy yo la que piensa en otro chico. Jeremy…
Lo tenía que decir, me enamoré de su mirada, de sus labios, de su color… Me encantó.
-¡Giselle, vamos!-me gritó mi hermana al lado de Óscar y de nuestro coche.
-Tengo que irme-dije confusa por lo que acababa de confesar a mi fuero interno.
-Esta tarde te llamo. Te quiero-después de darme un intenso beso se dio media vuelta, al igual que yo.
-Vamos que es tarde-me decía Óscar, señalándome el reloj.
-Es que está con el novio. No puede despegarse de él-dijo mi hermana con sorna.
-Ya, será por eso, que lo tengo a el como novio-su rostro cambió y me miró con odio.
Me cerró la puerta en mis narices. Suspiré y volvi a abrirla, pero antes de entrar miré detrás de mi. Tenía la sensación que alguien me miraba y entonces lo vi a él que se giró bruscamente al ver que le había visto. Sonreí para mí y me metí en el coche.
-¿Qué tal el día?
-Como siempre. Hoy me han vuelto a expulsar de clase-dijo mi hermana, sonriendo con orgullo.
Teníamos esa confianza con Óscar, podíamos contarle cualquier cosa que no nos atreviéramos con nuestros padres. Él quedaría como una tumba.
-Ah, pues sigue así Elia. Verás como todo te saldrá bien.
-No ha sido mi culpa. La tía me ha dicho con malos modales que tirase el chicle. Entonces, yo le he respondido de la misma manera.
-No quiero ni saberlo-sacudió la cabeza-. ¿Y tú Giselle?
-Bien-me encogí de hombros-. Me han puesto a un chico a mi lado en matemáticas.
-¿Y eso?-preguntaron los dos, sorprendidos.
-Pues el chico es nuevo, y dice que me vendrá bien-sonreí, al recordarle.
-¡Oh! ¿Es el chico negro?-preguntó Elia, emocionada por averiguarlo.
-Sí, es ese chico de color-pensé que esa manera era más apropiada.
-¿Y es simpático? Para mi parecer es un chico tímido, no lo he visto hablar con nadie. Solo con sus cascos puestos. ¿Y sabes qué? Me recuerda a Tom, no se porqué…-comenzó a hablar para sí.
-El chico acaba de llegar, ¿cómo quieres que hable con todo el mundo? Poco a poco.
-¿Cómo se llama?-quiso saber Óscar.
-Jeremy-contesté, con una media sonrisa.
-Bueno, hasta el sábado chicas-nos dijo una vez aparcados frente a casa.
-¿Cómo que hasta el sábado?-preguntamos con el ceño fruncido.
-Vuestro padre me ha dado la tarde libre y mañana-nos guiñó el ojo.
-Me alegro. ¿Vas hacer algo con Leonor?-quise saber.
Para mi ellos son de la familia y me preocupo por ellos.
-La llevaré esta noche a un restaurante cerca de la playa aprovechando el buen tiempo.
-Eso es genial-mi hermana y yo sonreímos-. Que os lo paséis bien-Elia abrió la puerta y bajo del coche despidiéndose con la mano.
-Gracias.
-Lo mismo digo. Dale recuerdos de mi parte-rocé su mano.
-Se los daré-me sonrió dulcemente y me bajé del coche.
Al entrar dejé mis cosas en el hall para luego ir al comedor donde nos esperaba, como siempre, nuestra madre.
-Hola mamá-besé su mejilla. Elia ya se había sentado a esperar la comida-. ¿Papá tampoco viene a comer hoy?
-Que va-negó con la cabeza-. Lo siente mucho.
-Es igual-dijo Elia.
-¿Esta tarde váis a hacer algo?
-He quedado con Evelyn, tenemos que hacer un trabajo-dijo con desgana.
-Yo no lo sé. He quedado en que me llamará Bill, no sé que haremos después-resopló Elia.
-Ah-me sonrió-. Me gustaría que para el domingo no hiciérais planes. Quiero llevaros a una exposición que da el sobrino de mi amiga Marta.
-Por mi bien-dije y miramos a mi hermana.
-Vale, por mí también-acto seguido se llevó su vaso a sus labios.
domingo, 28 de marzo de 2010
Capítulo 2. Matemáticas.
En este capítulo aparecen:
-Arriba dormilón-la luz del sol que entraba por mi ventana al abrirse las cortinas me despertaron
-¿Qué hora es?-murmuré, restregándome los ojos. Cuando los abrí vi a mi madre sonriente, ya arreglada y con su perfume peculiar que tanto me gustaba.
-Las siete de la mañana, querido. Tenemos un avión que coger y aún tienes que preparar la maleta-puso sus brazos en jarra, frente a mí-. Solamente llevaremos una, en mi habitación está. Prepárala mientras yo hago el desayuno, ¿de acuerdo?
-Sí-dije entre dientes. Ella me guiñó un ojo y se marchó.
Estirando mis músculos engarrotados, bajé mis piernas quedándome en pie; abrí el armario y saqué la ropa que iría a necesitar para este fin de semana apartando la ropa que me pondría hoy.
A continuación, fui a la habitación de mi madre, completamente ordenada, y cogí la maleta que se hallaba sobre su cama para llevármela a mi desordenada habitación.
Después de haberla metido y arreglar mi habitación, bajé a la cocina que me llevaba hacia ella el olor de unos huevos revueltos con bacon, mi madre si sabía alimentarme bien.
-¿Ya lo tienes todo?-me preguntó sirviéndose una taza de café.
-Sí-me senté y fui directo a acabar con lo que había en mi plato.
-Y, ¿libros también?
-¿Mmm?-murmuré con la boca llena.
-Sí, alguien me ha dicho que la semana que viene tienes un examen de… matematicas-sonrió divertida llevándose su taza a la boca.
-Jake-susurré maldiciéndole-. ¿Ha estado aquí?
-Ajá. Se nos olvidó avisarle que no irías a la escuela y ha venido a buscarte y de paso, me ha contado eso.
-Que sepas que ya no es mi amigo. Se puede dar por muerto-dije entre dientes.
-Tranquilo-rió-. Yo te ayudaré. Además, a tu abuelo Josh si algo se le da bien son las matemáticas.
-Vamos, que no me salvaré de las matemáticas.
-No. ¿Has acabado?-se miró la hora.
-Me queda un…poco-dije con la boca llena intentando masticar rápido.
-Déjatelo, luego te compro algo si tienes más hambre. Llegamos tarde y aún tienes que meter el libro. Venga.
-Está bien-dije a regañadientes bajándome del taburete.
-He dicho rápido-chasqueé la lengua y corriendo subí las escaleras.
Busqué el libro de las asquerosas matemáticas y lo metí en mi mochila junto a mi iPod y mi Nintendo DS que estaba sobre mi escritorio. Al cogerlo, tiré algo. Me agaché y puse los ojos en blanco. Me había olvidado completamente del diario. Lo metí en la mochila y acto seguido la cerré.
-El taxi llegará en un par de minutos-mamá se asomó por la puerta.
-Vale, me pongo las zapatillas y bajo. No metas más prisa-repliqué.
-¿Estás replicando a tu madre?-se cruzó de brazos. Me quedé callado, pensando en que decirle ya que no sabía si estaba de broma o era de verdad.
-Sí-sonó más como una pregunta.
Mamá vino hacia a mí, muy seria.
-Sabes lo que significa eso-enarcó una ceja y esbozó una media sonrisa. Cosa que significaba…
-Cosquillas no-me alejé de ella yendo hacia mi cama.
-¿Cómo qué no?-saltó por encima de ella y me agarró por la camiseta-. ¿Ves lo qué pasa por llevar camisetas más grandes? Te agarro fácilmente-me empujó y caímos.
-No mamá, que tengo 12 años ya-reproché, intentando quitar sus manos del costado y aguantando la risa.
-Oh, perdone. No sabía que hablaba con señor Jeremy Junior.
-No… me pienso… reír-apreté mucho los dientes, pero fue imposible. Sin quererlo exploté a carcajada limpia.
-¿Y eso qué ha sido? ¿Un escape de gas?-rió ella también.
-Por hacer tanta fuerza-me reí aún más.
-Oh Dios mío J.J-se levantó de un salto con cara de asco.
-Eso te pasa por jugar a lo que no quiero-me tumbé y puse mis manos por detrás de mi cabeza.
Mamá iba a contestar, pero el sonido de un coche la interrumpió.
-El taxi ya está aquí. Ventila esto antes-abrió la ventana y se fue por la puerta.
Me incorporé buscando mis zapatillas; mamá ya había bajado, escuché el sonido de la maleta caerse. Propio de ella.
-Yo no me he caído, ha sido la maleta-escuché su voz tranquilizadora. Sacudí la cabeza sonriendo.
Me coloqué la mochila en la espalda, me percaté de que todo estaba bien y cerré la puerta.
***
Como había atasco y el aeropuerto quedaba en la otra punta de la ciudad, pensé que ahora podía leer aunque fuera un poco.
-No preguntes nada ni pienses nada hasta que lo leas-dijo con la mirada fija en el paisaje.
-Claro-dije en un hilo de voz.
Sin perder más el tiempo, empecé a leer.
Tan solo llevaba dos meses de instituto y ya estaba deseando que acabase. Como un adolescente normal, lo odio; tener que levantarse temprano para estar seis horas aguantando lo que el profesor dice… es horroroso. Por suerte, mi querido novio Bill, va a ese infierno conmigo y eso hace que me sea más ameno.
-¿Estás lista?-mi hermana Elia entró con desgana-. Papá dice que bajemos a desayunar ya.
-Ahora bajo.
Al irse, volví a mirarme en el espejo para ver si estaba mona. Y sí, perfecta. Sonreí para mí.
Cogí mi mochila y bajé las escaleras para ir al comedor, donde me esperaba mi querido padre, Fernando; mi madre Susana; y la ya antes nombrada, Elia.
-Buenos días-me acerqué a mis padres y les di un beso en la mejilla.
-Buenos días hija-me sonrió papá-. ¿Cómo te fue el examen de matemáticas?-resoplé. Las matemáticas se me daban fatal.
-Ya sabes que pongo todo mi empeño, pero los malditos números pueden conmigo-bufé.
-Seguro que puedes con ella-mamá me sonrió dulcemente.
-Claro, ¿por qué qué se le da mal a Giselle?-dijo Elia con sorna.
-Perdona Elia si me tienes un poquito de envidia-achiné la mirada, sonriendo.
-¿Cómo dices?-dijo en una carcajada.
Lo cierto, es que era cierto. Mi hermana pequeña no soportaba que mis padres hicieran más caso a la primogénita buena, que a la sequela rebelde. Y lo que más rabia le da de mi, es que su amor sea mi novio. Vive enamorada de Bill y aunque no quiero restregárselo porque es mi hermana, ella siempre me da los motivos para hacerlo.
-No empecemos chicas, salid ya que Óscar os estará esperando fuera-dijo papá, serio.
-Ha empezado ella-dijo levantándose dedicándome una mirada fría.
-¿Cómo qué yo?-dije incrédula acercándome a ella y pegándole un empujón.
-No te atrevas…-se mordió la lengua.
-¿Cómo que no? Sé tu punto débil-sonreí divertida.
-No, Giselle. Por favor-se cubrió la barriga.
-Tú lo has querido-hice fuerza para quitarle las manos y empecé a hacerle cosquillas.
Aunque nos pelearamos, también teníamos nuestros buenos momentos. Eran pocos sí, pero al menos habían y ella sabe que la quiero.
-¡Para!-se apartó de mí sin quitar la sonrisa de su cara colocándose el pelo bien-. Que tienes diceciséis años, compórtate-y acto seguido fue hacia la puerta con la cabeza bien alta.
-Hasta luego-me despedí de mis padres.
Como dijo papá, Óscar nos esperaba con nuestro Audi Q7 listo para llevarnos a nuestro instituto privado.
-Buenos días Óscar, ¿qué tal tu mujer?
-Preguntándome cuando voy a llevarla al psicólogo-bromeó.
Óscar era nuestro chófer. Sí, colegio privado, chófer, sirvientas para una casa grandísima… Todo viene del trabajo de mi padre, uno de los grandes accionistas en las empresas de Valencia. ¿Somos ricos? Puede decirse que sí.
-Que tengáis buen día.
-Gracias-dijimos al unísono a la vez que bajábamos del coche.
Como todos los días, a las puertas del instituto, Bill me esperaba con su peculiar sonrisa y detrás de él, su gemelo y mi mejor amiga Sara.
Bill y Tom eran muy distintos aunque iguales en todo; yo me quedé con el gemelo romántico y buenazo, y Sara con el chulito y perverso de turno.
-Hola-susurré acercándome a él para darle el beso de los buenos días.
-Giselle, vas a acabar conmigo. ¿Cómo puedes venir cada día más guapa?-sonrió, mostrando sus perfectos dientes.
-Calla-volví a besarle.
-Por favor no hagáis que vomite-dijo mi hermana pasando por nuestro lado.
-Buenos días a ti también, Elia-dijo Bill-. Pobre de tu hermana-junto sus labios con los míos hasta que sonó el timbre. Bufamos los cuatro.
-¿Qué tienes ahora?-pregunté acercándonos a Tom y a Sara.
-Informática con estos dos. Te podaria haber elegido esa.
-Lo siento, ya sabes que mi padre está empeñado en que estudie mates-hice una mueca.
-¿No sabes Bill que vas a tener una novia que estudiará ingeniería?-dijo Sara, sin despegarse de los brazos de Tom.
-Mmm, ya tienes quien te mantendrá-saltó Tom.
-Ya sabes que no voy a ser como tú-se defendió.
-Claro porque yo, soy un chico listo-puso su dedo índice en su sien y acto seguido besó a su novia.
-Vayámonos a clase-murmuré.
-Eh, ¿sabéis que ha venido un chico nuevo?-nos comentó Sara mientras andábamos-. Dicen que viene de San Francisco-alzó sus cejas.
-¿Y eso te gusta?-dijo Tom, serio.
-¿Qué? No he dicho nada que diga que me gusta-tartamudeó.
-Vale. Porque si quieres te lo presento y que le den a los alemanes que viven en España, ¿no?-se fue, furioso.
-Tom no seas idiota-fue detrás de él.
Sara tenía un grandísimo problema; estaba enamorado del tío más imbécil que puede haber en el planeta. Tom, a diferencia de Bill, era muy celoso, tanto que no dejaba que Sara se acercara ni a su primo. Mientras que él, podía tontear con quien quiera y que a Sara, ni se le ocurriese protestar.
-Tu hermano es un auténtico capullo-tuve que decirle.
-Lo sé. Ya se lo he dicho veces, pero sabes como es de cabezota. Aunque la culpa también la tiene ella por ir siempre detrás.
-Y eso es lo que más rabia me da. Menos mal que tú no eres así-rodeé su cuello con mis brazos.
-Claro que no-me besó en los labios-. Nos vemos luego.
-Adiós-le despedí con una de mis mejores sonrisas.
Ya llegaba un poco tarde y fui corriendo hacia la clase que tanto me gustaba…
Abrí la puerta de golpe y toda la clase se me quedó mirando.
-Adelante, Giselle-me dijo el profesor mirándome por encima de las gafas.
-Siento el retraso-me disculpé. Deduje que no había explicado nada ya que aún seguía sentado.
Pasando desapercivida, fui directa a mi asiento. Fue cuando me quedé ahí parada con la boca entre abierta. Era la primera vez que le vi. Me dio un vuelco el corazón cuando se encontró con mi mirada…
-J.J-la voz de mi madre me impidió seguir leyendo-. Hemos llegado.
Alcé la vista y estábamos parados frente al aeropuerto con el conductor fuera sacándonos la maleta.
Doblé la esquina de la página donde me quedé y volví a guardarlo en mi mochila.
Como me había dicho mi madre, no pensé en nada de lo que leí, no le daría vueltas a la cabeza. Solo esperaría a terminarlo.
-Buenos días. Tenía reservado dos billetes para Valencia a nombre de Giselle Stones-dijo a la vez que sacaba nuestros pasaportes.
-En seguida-dijo aquella azafata de pelo corto negro-. ¿Se lleva al hijo de su amiga de fin de semana?-preguntó, con mucho interés y alegría.
Enarqué una ceja, sabía perfectamente la reacción que tendría mi madre. No es la primera vez que insinúan o dan por hecho que no soy hijo de ella.
Mamá fingió una sonrisa y noté desde detrás suya como se encendia.
-La verdad es que es mi hijo.
La azafata puso los ojos en blanco bajando la vista hacia el ordenador.
-Oh, es usted…
-¿Blanca?-la interrumpió. Me estaba aguantando la risa.
-No, no-dijo rápidamente, nerviosa-. Quería decir… joven.
-Ya, es lo que tiene ir con 16 años abriéndote a cualquier hombre que encuentres. Y al final acabas con una barriga sin saber quien es el padre-me miró-. ¿A qué si querido? ¿A qué ya no te importa que mamá lo siga haciendo?
-No que va. Mi madre es muy liberal-me puse serio por poco tiempo, tuve que darme media vuelta. Ver a mi madre así es muy gracioso y sobre todo, la cara de ésta señora.
-Y ahora querida, porqué no nos das nuestros billetes y dejas de entrometerte donde no te llaman-seguía con una sonrisa de oreja a oreja algo falsa.
-Claro-se puso inmediatamente con lo suyo, muerta de la vergüenza por lo que veo, y le dio los billetes-. Señora…
-Señorita.
-Señorita, no tenía intención de…
-Lo sé-volvió a interrumpirla-. Vámonos J.J-se dio media vuelta con la cabeza alta y yo la seguí-. Mira porque estás tu delante si no es que…
-Mamá. Tranquila, no es la primera vez que nos pasa. Y me encanta verte así, me haces reír mucho.
-Es que odio tanto a estas personas-me tocó la mejilla-. Qué les importará a ellos.
-Nada, pero bueno, así va el mundo.
-Venga, vamos para la puerta-posó su mano por mi hombro y emprendimos la caminata.
-Arriba dormilón-la luz del sol que entraba por mi ventana al abrirse las cortinas me despertaron
-¿Qué hora es?-murmuré, restregándome los ojos. Cuando los abrí vi a mi madre sonriente, ya arreglada y con su perfume peculiar que tanto me gustaba.
-Las siete de la mañana, querido. Tenemos un avión que coger y aún tienes que preparar la maleta-puso sus brazos en jarra, frente a mí-. Solamente llevaremos una, en mi habitación está. Prepárala mientras yo hago el desayuno, ¿de acuerdo?
-Sí-dije entre dientes. Ella me guiñó un ojo y se marchó.
Estirando mis músculos engarrotados, bajé mis piernas quedándome en pie; abrí el armario y saqué la ropa que iría a necesitar para este fin de semana apartando la ropa que me pondría hoy.
A continuación, fui a la habitación de mi madre, completamente ordenada, y cogí la maleta que se hallaba sobre su cama para llevármela a mi desordenada habitación.
Después de haberla metido y arreglar mi habitación, bajé a la cocina que me llevaba hacia ella el olor de unos huevos revueltos con bacon, mi madre si sabía alimentarme bien.
-¿Ya lo tienes todo?-me preguntó sirviéndose una taza de café.
-Sí-me senté y fui directo a acabar con lo que había en mi plato.
-Y, ¿libros también?
-¿Mmm?-murmuré con la boca llena.
-Sí, alguien me ha dicho que la semana que viene tienes un examen de… matematicas-sonrió divertida llevándose su taza a la boca.
-Jake-susurré maldiciéndole-. ¿Ha estado aquí?
-Ajá. Se nos olvidó avisarle que no irías a la escuela y ha venido a buscarte y de paso, me ha contado eso.
-Que sepas que ya no es mi amigo. Se puede dar por muerto-dije entre dientes.
-Tranquilo-rió-. Yo te ayudaré. Además, a tu abuelo Josh si algo se le da bien son las matemáticas.
-Vamos, que no me salvaré de las matemáticas.
-No. ¿Has acabado?-se miró la hora.
-Me queda un…poco-dije con la boca llena intentando masticar rápido.
-Déjatelo, luego te compro algo si tienes más hambre. Llegamos tarde y aún tienes que meter el libro. Venga.
-Está bien-dije a regañadientes bajándome del taburete.
-He dicho rápido-chasqueé la lengua y corriendo subí las escaleras.
Busqué el libro de las asquerosas matemáticas y lo metí en mi mochila junto a mi iPod y mi Nintendo DS que estaba sobre mi escritorio. Al cogerlo, tiré algo. Me agaché y puse los ojos en blanco. Me había olvidado completamente del diario. Lo metí en la mochila y acto seguido la cerré.
-El taxi llegará en un par de minutos-mamá se asomó por la puerta.
-Vale, me pongo las zapatillas y bajo. No metas más prisa-repliqué.
-¿Estás replicando a tu madre?-se cruzó de brazos. Me quedé callado, pensando en que decirle ya que no sabía si estaba de broma o era de verdad.
-Sí-sonó más como una pregunta.
Mamá vino hacia a mí, muy seria.
-Sabes lo que significa eso-enarcó una ceja y esbozó una media sonrisa. Cosa que significaba…
-Cosquillas no-me alejé de ella yendo hacia mi cama.
-¿Cómo qué no?-saltó por encima de ella y me agarró por la camiseta-. ¿Ves lo qué pasa por llevar camisetas más grandes? Te agarro fácilmente-me empujó y caímos.
-No mamá, que tengo 12 años ya-reproché, intentando quitar sus manos del costado y aguantando la risa.
-Oh, perdone. No sabía que hablaba con señor Jeremy Junior.
-No… me pienso… reír-apreté mucho los dientes, pero fue imposible. Sin quererlo exploté a carcajada limpia.
-¿Y eso qué ha sido? ¿Un escape de gas?-rió ella también.
-Por hacer tanta fuerza-me reí aún más.
-Oh Dios mío J.J-se levantó de un salto con cara de asco.
-Eso te pasa por jugar a lo que no quiero-me tumbé y puse mis manos por detrás de mi cabeza.
Mamá iba a contestar, pero el sonido de un coche la interrumpió.
-El taxi ya está aquí. Ventila esto antes-abrió la ventana y se fue por la puerta.
Me incorporé buscando mis zapatillas; mamá ya había bajado, escuché el sonido de la maleta caerse. Propio de ella.
-Yo no me he caído, ha sido la maleta-escuché su voz tranquilizadora. Sacudí la cabeza sonriendo.
Me coloqué la mochila en la espalda, me percaté de que todo estaba bien y cerré la puerta.
***
Como había atasco y el aeropuerto quedaba en la otra punta de la ciudad, pensé que ahora podía leer aunque fuera un poco.
-No preguntes nada ni pienses nada hasta que lo leas-dijo con la mirada fija en el paisaje.
-Claro-dije en un hilo de voz.
Sin perder más el tiempo, empecé a leer.
Tan solo llevaba dos meses de instituto y ya estaba deseando que acabase. Como un adolescente normal, lo odio; tener que levantarse temprano para estar seis horas aguantando lo que el profesor dice… es horroroso. Por suerte, mi querido novio Bill, va a ese infierno conmigo y eso hace que me sea más ameno.
-¿Estás lista?-mi hermana Elia entró con desgana-. Papá dice que bajemos a desayunar ya.
-Ahora bajo.
Al irse, volví a mirarme en el espejo para ver si estaba mona. Y sí, perfecta. Sonreí para mí.
Cogí mi mochila y bajé las escaleras para ir al comedor, donde me esperaba mi querido padre, Fernando; mi madre Susana; y la ya antes nombrada, Elia.
-Buenos días-me acerqué a mis padres y les di un beso en la mejilla.
-Buenos días hija-me sonrió papá-. ¿Cómo te fue el examen de matemáticas?-resoplé. Las matemáticas se me daban fatal.
-Ya sabes que pongo todo mi empeño, pero los malditos números pueden conmigo-bufé.
-Seguro que puedes con ella-mamá me sonrió dulcemente.
-Claro, ¿por qué qué se le da mal a Giselle?-dijo Elia con sorna.
-Perdona Elia si me tienes un poquito de envidia-achiné la mirada, sonriendo.
-¿Cómo dices?-dijo en una carcajada.
Lo cierto, es que era cierto. Mi hermana pequeña no soportaba que mis padres hicieran más caso a la primogénita buena, que a la sequela rebelde. Y lo que más rabia le da de mi, es que su amor sea mi novio. Vive enamorada de Bill y aunque no quiero restregárselo porque es mi hermana, ella siempre me da los motivos para hacerlo.
-No empecemos chicas, salid ya que Óscar os estará esperando fuera-dijo papá, serio.
-Ha empezado ella-dijo levantándose dedicándome una mirada fría.
-¿Cómo qué yo?-dije incrédula acercándome a ella y pegándole un empujón.
-No te atrevas…-se mordió la lengua.
-¿Cómo que no? Sé tu punto débil-sonreí divertida.
-No, Giselle. Por favor-se cubrió la barriga.
-Tú lo has querido-hice fuerza para quitarle las manos y empecé a hacerle cosquillas.
Aunque nos pelearamos, también teníamos nuestros buenos momentos. Eran pocos sí, pero al menos habían y ella sabe que la quiero.
-¡Para!-se apartó de mí sin quitar la sonrisa de su cara colocándose el pelo bien-. Que tienes diceciséis años, compórtate-y acto seguido fue hacia la puerta con la cabeza bien alta.
-Hasta luego-me despedí de mis padres.
Como dijo papá, Óscar nos esperaba con nuestro Audi Q7 listo para llevarnos a nuestro instituto privado.
-Buenos días Óscar, ¿qué tal tu mujer?
-Preguntándome cuando voy a llevarla al psicólogo-bromeó.
Óscar era nuestro chófer. Sí, colegio privado, chófer, sirvientas para una casa grandísima… Todo viene del trabajo de mi padre, uno de los grandes accionistas en las empresas de Valencia. ¿Somos ricos? Puede decirse que sí.
-Que tengáis buen día.
-Gracias-dijimos al unísono a la vez que bajábamos del coche.
Como todos los días, a las puertas del instituto, Bill me esperaba con su peculiar sonrisa y detrás de él, su gemelo y mi mejor amiga Sara.
Bill y Tom eran muy distintos aunque iguales en todo; yo me quedé con el gemelo romántico y buenazo, y Sara con el chulito y perverso de turno.
-Hola-susurré acercándome a él para darle el beso de los buenos días.
-Giselle, vas a acabar conmigo. ¿Cómo puedes venir cada día más guapa?-sonrió, mostrando sus perfectos dientes.
-Calla-volví a besarle.
-Por favor no hagáis que vomite-dijo mi hermana pasando por nuestro lado.
-Buenos días a ti también, Elia-dijo Bill-. Pobre de tu hermana-junto sus labios con los míos hasta que sonó el timbre. Bufamos los cuatro.
-¿Qué tienes ahora?-pregunté acercándonos a Tom y a Sara.
-Informática con estos dos. Te podaria haber elegido esa.
-Lo siento, ya sabes que mi padre está empeñado en que estudie mates-hice una mueca.
-¿No sabes Bill que vas a tener una novia que estudiará ingeniería?-dijo Sara, sin despegarse de los brazos de Tom.
-Mmm, ya tienes quien te mantendrá-saltó Tom.
-Ya sabes que no voy a ser como tú-se defendió.
-Claro porque yo, soy un chico listo-puso su dedo índice en su sien y acto seguido besó a su novia.
-Vayámonos a clase-murmuré.
-Eh, ¿sabéis que ha venido un chico nuevo?-nos comentó Sara mientras andábamos-. Dicen que viene de San Francisco-alzó sus cejas.
-¿Y eso te gusta?-dijo Tom, serio.
-¿Qué? No he dicho nada que diga que me gusta-tartamudeó.
-Vale. Porque si quieres te lo presento y que le den a los alemanes que viven en España, ¿no?-se fue, furioso.
-Tom no seas idiota-fue detrás de él.
Sara tenía un grandísimo problema; estaba enamorado del tío más imbécil que puede haber en el planeta. Tom, a diferencia de Bill, era muy celoso, tanto que no dejaba que Sara se acercara ni a su primo. Mientras que él, podía tontear con quien quiera y que a Sara, ni se le ocurriese protestar.
-Tu hermano es un auténtico capullo-tuve que decirle.
-Lo sé. Ya se lo he dicho veces, pero sabes como es de cabezota. Aunque la culpa también la tiene ella por ir siempre detrás.
-Y eso es lo que más rabia me da. Menos mal que tú no eres así-rodeé su cuello con mis brazos.
-Claro que no-me besó en los labios-. Nos vemos luego.
-Adiós-le despedí con una de mis mejores sonrisas.
Ya llegaba un poco tarde y fui corriendo hacia la clase que tanto me gustaba…
Abrí la puerta de golpe y toda la clase se me quedó mirando.
-Adelante, Giselle-me dijo el profesor mirándome por encima de las gafas.
-Siento el retraso-me disculpé. Deduje que no había explicado nada ya que aún seguía sentado.
Pasando desapercivida, fui directa a mi asiento. Fue cuando me quedé ahí parada con la boca entre abierta. Era la primera vez que le vi. Me dio un vuelco el corazón cuando se encontró con mi mirada…
-J.J-la voz de mi madre me impidió seguir leyendo-. Hemos llegado.
Alcé la vista y estábamos parados frente al aeropuerto con el conductor fuera sacándonos la maleta.
Doblé la esquina de la página donde me quedé y volví a guardarlo en mi mochila.
Como me había dicho mi madre, no pensé en nada de lo que leí, no le daría vueltas a la cabeza. Solo esperaría a terminarlo.
-Buenos días. Tenía reservado dos billetes para Valencia a nombre de Giselle Stones-dijo a la vez que sacaba nuestros pasaportes.
-En seguida-dijo aquella azafata de pelo corto negro-. ¿Se lleva al hijo de su amiga de fin de semana?-preguntó, con mucho interés y alegría.
Enarqué una ceja, sabía perfectamente la reacción que tendría mi madre. No es la primera vez que insinúan o dan por hecho que no soy hijo de ella.
Mamá fingió una sonrisa y noté desde detrás suya como se encendia.
-La verdad es que es mi hijo.
La azafata puso los ojos en blanco bajando la vista hacia el ordenador.
-Oh, es usted…
-¿Blanca?-la interrumpió. Me estaba aguantando la risa.
-No, no-dijo rápidamente, nerviosa-. Quería decir… joven.
-Ya, es lo que tiene ir con 16 años abriéndote a cualquier hombre que encuentres. Y al final acabas con una barriga sin saber quien es el padre-me miró-. ¿A qué si querido? ¿A qué ya no te importa que mamá lo siga haciendo?
-No que va. Mi madre es muy liberal-me puse serio por poco tiempo, tuve que darme media vuelta. Ver a mi madre así es muy gracioso y sobre todo, la cara de ésta señora.
-Y ahora querida, porqué no nos das nuestros billetes y dejas de entrometerte donde no te llaman-seguía con una sonrisa de oreja a oreja algo falsa.
-Claro-se puso inmediatamente con lo suyo, muerta de la vergüenza por lo que veo, y le dio los billetes-. Señora…
-Señorita.
-Señorita, no tenía intención de…
-Lo sé-volvió a interrumpirla-. Vámonos J.J-se dio media vuelta con la cabeza alta y yo la seguí-. Mira porque estás tu delante si no es que…
-Mamá. Tranquila, no es la primera vez que nos pasa. Y me encanta verte así, me haces reír mucho.
-Es que odio tanto a estas personas-me tocó la mejilla-. Qué les importará a ellos.
-Nada, pero bueno, así va el mundo.
-Venga, vamos para la puerta-posó su mano por mi hombro y emprendimos la caminata.
Capítulo 1. El diario
En este capítulo aparecen:
-J.J, no vas a ganar esta vez-Jake estaba muy seguro de ello; me lo había repetido 500 veces y aún no me ha ganado al baloncesto.
-¿Tengo qué repetirte las veces que me lo has dicho?-tomándolo desprevenido, boté el balón corriendo acercándome hacia la canasta para pegar un buen salto y encestar-. ¡Sí!-sonreí satisfecho.
Jake puso cara de decepción, la verdad es que me daba lástima. Un poco nada más.
-¿Quiéres tomar algo?-le ofrecí señalando dentro de mi casa.
-¿Tú madre ha vuelto hacer galletas?-se relamió los labios.
-Creo que quedan, pero no ha tenido tiempo de hacer más. Últimamente la explotan mucho en el trabajo-y eso era muy cierto. La veía nada más que por las mañanas y por las noches.
Abrí la puerta de atrás y entramos directamente a la cocina; no hizo falta que le ofreciese asiento a Jake, se acomodó rápidamente en el taburete mientras yo buscaba el tarro de galletas.
Las encontré detrás del azúcar, me incliné para cogérselas y dejarlas al alcance de Jake.
-Muchísimas gracias-enarqué una ceja al ver que mi mejor amigo se metió cinco a la vez en su boca. Pero así era él. Sonreí para mí.
Preparándome un sandwich de mantequilla de cacahuete, me vino a la mente lo que vi esta mañana: Jake hablaba con el grupo popular de la clase en las gradas del gimnasio mientras que yo entrenaba al baloncesto.
La verdad, no me importa que hable con quien quiera, pero es muy raro que hablen con él, un chico rubio, pecoso y empollón, tranquilamente sin meterse con él.
-¿De qué hablabas con la banda de matones?-pregunté a la vez que me sentaba enfrente de él.
Jake miró a su izquierda recordando y esperó para tragarse lo que tenía en la boca antes de contestarme.
-Bueno…-le cambió la voz-. El otro día conocieron a tu madre en… la reunión de padres.
Bajé la mirada. Sabía de que iba el tema.
Haciéndome el disimulado, me dediqué a comerme mi sandwich para hacerle ver a Jake que ya no me interesaba de lo que hablaron.
-Quisieron saber-no pilló mi indirecta y continuó-, porque un chico negro como tú, salió de una chica rubia y blanca como tu madre-lo dijo sin tapujos y eso era algo que me gustaba, éramos amigos y teníamos la suficiente confianza como para hablar de cosas incómodas como esta.
No le contesté enseguida.
Mi padre, según mi madre y por lo que veo en mis abuelos, era negro. Fácil de entender porque he salido así. Y cuando nombran a mi padre, me siento incómodo porque murió. ¿Las razones? Mi querida madre no me lo ha explicado, ni mis queridos abuelos tampoco, les duele demasiado pensar en Jeremy. De ahí mi nombre: Jeremy Junior, para honrar su memoria.
Nunca me han enseñado nada de él, simplemente no han querido y nunca he intentado sonsacarles la información. Si no quieren contármelo por alguna extraña razón será.
Pero lo que no saben es que yo ya le vi; sé como era mi padre.
Una de las dos veces al año que veo a mi abuela, su madre, se le cayó del bolso una foto donde había un chico; la foto estaba gastada y supuse que tendría que ser él. Porque noto como se le parte el corazón a mi madre cuando me mira fijamente. Es algo que he ido aprendiendo tras el tiempo; nunca me mira más de cinco minutos seguido a los ojos. Simplemente, porque soy la viva imagen de él.
Jake carraspeó. Me olvidé completamente de él.
-Va siendo mejor que me vaya-se puso en pie-. Nos vemos mañana, saluda a tú madre de mi parte.
-Claro-asentí la cabeza-. A ver si mañana me ganas de una vez-sonreí, para darle a mostrar que la cosa iba bien.
-Rezaré esta noche-cerró la puerta trás de sí.
Al quedarme solo respiré hondo.
Siempre he echado de menos tener un padre. Mi madre ha echo de los dos pero eso, no sirve de mucho aunque se lo tenga agradecido con mi propia vida.
Tampoco tengo un tío, mi padre era hijo único al igual que mi madre; tampoco puedo jugar con mi abuelo ya que el único que está vivo, el padre de mi padre, vive en Valencia, y solo lo veo cuando tienen vacaciones y cruzan el atlántico para venir a verme a San Francisco.
Suspiré.
Me senté en el sofá, busqué el mando y cuando lo encontré, sonó el teléfono. Me levanté a regañadientes.
-¿Diga?-pregunté con desgana mirando la fotografía que había al lado de el aparato; mi madre abrazada a mí cuando tenía siete años. Me encanta la foto, pero el marco lo cambiaría de inmediato. Se lo he dicho un par de veces.
Sentí un murmullo en mi oreja izquierda, me había olvidado que estaba hablando con alguien.
-Perdone, ¿puede repetir?
-¿Hablas español?-la voz era apagada, de mujer. Por suerte la entendí, mi madre me obligó a aprender español en la escuela. Su idioma natal.
-Sí, ¿con quien hablo?-fruncí el ceño. Solamente mis abuelos hablan español, al menos que yo conozca y ellos siempre me hablan en inglés. Excepto cuando está mamá delante.
-¿Está tú madre en casa?
-No, está trabajando. ¿De parte de quién?
-De su madre-mis ojos casi se salen de sus órbitas. Aquella mujer me está tomando el pelo.
-Perdone pero eso es imposible, su madre murió.
-¿Eres su hijo?
-Sí-dije dubitativo de darle esa información.
-Tú solamente dile que ha llamado su madre. Te entenderá perfectamente. Adiós-colgó antes de que me diese tiempo a pedir explicaciones de porque me engañaba.
Mi madre ya me lo dijo, solo tenía dos abuelos; sus padres murieron en un accidente de coche. Esa mujer o estaba loca o quería darme una broma, una pésima broma.
Me quité el auricular de la oreja dejándolo en su sitio.
¿Y si ha sido mi madre quién me ha engañado? No puede ser. Mamá jamás me mentiría en una cosa así.
Con los pies arrastrando, pasando miles de cosas por mi mente, me senté de nuevo en el sofá. Sin encender la televisión. Solo dejé mi mirada perdida, pensando en aquella señora.
***
Había pasado más de una hora desde la llamada; sentí el coche de mi madre aparcando en el garaje. Seguí sentado en el sofá, esperaría a que entrara.
-J.J, ya he llegado-fue directa a la cocina a dejar la compra-. ¿A qué no sabes qué?-sentí que venía hacia a mi por el ruido de sus tacones-. Tengo libre hasta el lunes por la mañana-se sentó a mi lado, cogiéndome del brazo con una enorme sonrisa-. ¿No estás contento?-subí la mirada para encontrarme con sus ojos claros, interesados por saber que me ocurría.
Me quité de su lado y me puse en pie.
-Ha llamado tu madre-puso los ojos en blanco.
-Mi madre…está muerta-tartamudeó y esbozó una sonrisa-. Te ha engañado-se levantó rápidamente para ir a la cocina-. Prepararé la cena.
-Mamá-fui trás ella-. ¿Tengo abuelos?
-¡Claro qué no!-exclamó. Puse los ojos en blanco-. No tienes abuelos-dijo más calmada dándose la vuelta para mirarme.
-Me estás engañando, no te creo. La llamaré para ver que me dice, se ha quedado su número grabado-hice ademán de andar.
-No-me cogió del brazo. Sus ojos se humedecieron-. Te lo explicaré todo cuando hable con ella.
Entonces existía de verdad.
Dejándome ahí de pie subió al piso de arriba para no poder escuchar la conversación.
Pensando en que tardaría rato en bajar, esta vez puse la televisión para distraerme en algo y no pensar en que mi propia madre me había engañado.
Pero solo vi un poco, mamá ya bajaba por las escaleras lentamente. Apagué el televisor y me puse en pie, mirándola. Temblante se acercó a mí. Se sentó y la imité. Dejó clavada la mirada en el suelo.
-¿Qué quería?-subió la cabeza, como si la hubiera asustado.
-Mi padre… quiere verme. Se está muriendo-dijo con vergüenza. Resoplé, incrédulo.
-¿No se supone qué ya tiene que estar muerto?
-Por razones las cuales no quiero recordar tuve que mentirte.
-¿Mentirme sobre la existencia de mis abuelos? ¿De tus padres?-exclamé.
-No te pienso decir nada más-murmuró-. Y tienes que respetar mi decisión, por algo soy tu madre-sin mirarme, se levantó.
-¿Qué es lo que te hicieron para que me engañes así?-se paró y me puse en pie-. Creo que por mucho que te hayan echo no está bien que digas que han muerto. Por Dios mamá, te dieron la vida-me sorprendí de mi mismo al estar hablándole así a mi madre, y si se acercara para abofetearme estaba en todo su derecho. O no se yo después de mentirme así.
Mamá enarcó una ceja y entre abrió la boca.
-¿Quieres saberlo?-susurró.
-Sí-no contesté enseguida.
-¡¿De verdad quieres saberlo?!-se acercó a mí, me asustó.
Pero igualmente asentí con la cabeza.
Mamá no dijo más y echa una furia me cogió del brazo escaleras arriba. Me asusté porque me estaba haciendo daño por primera vez, con sus mentiras y con su mano.
Me soltó en la puerta de su habitación, entró y sentí el ruido de los cajones abriéndose con fuerza. Entré tímidamente y vi como revolvía toda la habitación, sollozando.
Ahora pensé que si había sido una buena idea exigirle que me explicara la verdad.
-¡Aquí tienes!-estiró el brazo ofreciéndome un libro.
No aguantó más y cayó al suelo quedándose de rodillas, llorando.
-Mamá-se me quebró la voz.
-Yo quería dártelo cuando me marchara-me estremecí-. Ten-susurró-, cógelo. Aquí tienes todo lo que pasé a los dieciséis años, la muerte de tu padre y el porqué he dado por muertos a tus abuelos-dijo entre sollozos.
Aún sorprendido y con miedo, me acerqué a ella para coger aquel… diario.
-Lo leeré en el camino-dije muy seguro.
-¿Camino?-subió la mirada frunciendo el ceño.
-¿No piensas ver a tu padre?-se encogió de hombros-. Yo si quiero conocerlos, aunque puede que los odie como tú cuando lea esto-desvié mi mirada al diario.
Mi madre quedó pensando. Asintió con la cabeza.
-Como quieras. Estás en todo tu derecho.
-¿Estás bien?
-Sí-se puso en pie torpemente, secándose las lágrimas-. Solo que-respiró hondo-, cuando lo leas me entenderás. Al menos, eso espero-se encogió de hombros.
-Claro-pensé que un buen abrazo no le vendría mal. Adelanté dos pasos y la abracé por la cintura, hasta donde yo le llegaba.
-No pasa nada-me besó la cabeza-. Ve a ver el partido de los Lakers mientras yo preparo la cena, ¿vale?
-Sí. Se me olvidó por completo el partido-sonreí separándome de ella.
-Ordenaré esto-se arrodilló en el suelo y empezó a recoger las cosas.
Me dirigí a la puerta y le dediqué un último vistazo. ¿Qué le pasó para qué esté así? No lo sé, pero lo averiguaré. Miré el diario y me marché.
Fui a la habitación contigua dejando el diario sobre mi escritorio. Me moría de la curiosidad, pero ya empezaría mañana por leer. Ahora, me apetecía estar con mi madre. Lo necesitaba.
Bajé las escaleras y fui directo a sentarme en el sofá para encender la televisión. Mamá tenía razón, el partido de los Lakers ya empezó y es que, es tan fan como yo de ese equipo. Cuando tendría que haberlo sido mi padre, lo ha sido ella.
***
-¿Cómo van?-sentí la voz de mi madre, un poco apagada, detrás de mí. Me giré para verla. Se había cambiado de ropa, se puso más cómoda.
-Los Lakers le ganan por paliza, ya están en el segundo tiempo.
-Eso es genial-sonrió de oreja a oreja y se sentó en el posa manos al lado de mí-. Nos vamos mañana por la mañana, he aprovechado que tengo libre y volveremos el lunes. ¿Te parece bien?
-Sí-siseé. Dirigí la mirada al televisor y sentí su suave mano en mi cabeza.
-Mmm, tengo que hacerte esta trenza. Se te está destrozando.
-¿En serio?-puse mi mano donde hacia un segundo la tenía ella. Tenía razón.
-Te la haré después. Voy a preparar la cena ya de verdad-rió.
-Buenas noches cielo-me besó en la frente.
-Te quiero mamá-me sonrió y cerró la puerta de mi habitación.
Sin querer, dirigí la mirada a mi escritorio. Allí seguía aquel diario. No me resistí y me acerqué para ver la primera página. Reconocí la letra de mi madre. Bostecé. Mis párpados me pesaban. Sería mejor descansar. Mañana iba a ser un día muy largo.
-J.J, no vas a ganar esta vez-Jake estaba muy seguro de ello; me lo había repetido 500 veces y aún no me ha ganado al baloncesto.
-¿Tengo qué repetirte las veces que me lo has dicho?-tomándolo desprevenido, boté el balón corriendo acercándome hacia la canasta para pegar un buen salto y encestar-. ¡Sí!-sonreí satisfecho.
Jake puso cara de decepción, la verdad es que me daba lástima. Un poco nada más.
-¿Quiéres tomar algo?-le ofrecí señalando dentro de mi casa.
-¿Tú madre ha vuelto hacer galletas?-se relamió los labios.
-Creo que quedan, pero no ha tenido tiempo de hacer más. Últimamente la explotan mucho en el trabajo-y eso era muy cierto. La veía nada más que por las mañanas y por las noches.
Abrí la puerta de atrás y entramos directamente a la cocina; no hizo falta que le ofreciese asiento a Jake, se acomodó rápidamente en el taburete mientras yo buscaba el tarro de galletas.
Las encontré detrás del azúcar, me incliné para cogérselas y dejarlas al alcance de Jake.
-Muchísimas gracias-enarqué una ceja al ver que mi mejor amigo se metió cinco a la vez en su boca. Pero así era él. Sonreí para mí.
Preparándome un sandwich de mantequilla de cacahuete, me vino a la mente lo que vi esta mañana: Jake hablaba con el grupo popular de la clase en las gradas del gimnasio mientras que yo entrenaba al baloncesto.
La verdad, no me importa que hable con quien quiera, pero es muy raro que hablen con él, un chico rubio, pecoso y empollón, tranquilamente sin meterse con él.
-¿De qué hablabas con la banda de matones?-pregunté a la vez que me sentaba enfrente de él.
Jake miró a su izquierda recordando y esperó para tragarse lo que tenía en la boca antes de contestarme.
-Bueno…-le cambió la voz-. El otro día conocieron a tu madre en… la reunión de padres.
Bajé la mirada. Sabía de que iba el tema.
Haciéndome el disimulado, me dediqué a comerme mi sandwich para hacerle ver a Jake que ya no me interesaba de lo que hablaron.
-Quisieron saber-no pilló mi indirecta y continuó-, porque un chico negro como tú, salió de una chica rubia y blanca como tu madre-lo dijo sin tapujos y eso era algo que me gustaba, éramos amigos y teníamos la suficiente confianza como para hablar de cosas incómodas como esta.
No le contesté enseguida.
Mi padre, según mi madre y por lo que veo en mis abuelos, era negro. Fácil de entender porque he salido así. Y cuando nombran a mi padre, me siento incómodo porque murió. ¿Las razones? Mi querida madre no me lo ha explicado, ni mis queridos abuelos tampoco, les duele demasiado pensar en Jeremy. De ahí mi nombre: Jeremy Junior, para honrar su memoria.
Nunca me han enseñado nada de él, simplemente no han querido y nunca he intentado sonsacarles la información. Si no quieren contármelo por alguna extraña razón será.
Pero lo que no saben es que yo ya le vi; sé como era mi padre.
Una de las dos veces al año que veo a mi abuela, su madre, se le cayó del bolso una foto donde había un chico; la foto estaba gastada y supuse que tendría que ser él. Porque noto como se le parte el corazón a mi madre cuando me mira fijamente. Es algo que he ido aprendiendo tras el tiempo; nunca me mira más de cinco minutos seguido a los ojos. Simplemente, porque soy la viva imagen de él.
Jake carraspeó. Me olvidé completamente de él.
-Va siendo mejor que me vaya-se puso en pie-. Nos vemos mañana, saluda a tú madre de mi parte.
-Claro-asentí la cabeza-. A ver si mañana me ganas de una vez-sonreí, para darle a mostrar que la cosa iba bien.
-Rezaré esta noche-cerró la puerta trás de sí.
Al quedarme solo respiré hondo.
Siempre he echado de menos tener un padre. Mi madre ha echo de los dos pero eso, no sirve de mucho aunque se lo tenga agradecido con mi propia vida.
Tampoco tengo un tío, mi padre era hijo único al igual que mi madre; tampoco puedo jugar con mi abuelo ya que el único que está vivo, el padre de mi padre, vive en Valencia, y solo lo veo cuando tienen vacaciones y cruzan el atlántico para venir a verme a San Francisco.
Suspiré.
Me senté en el sofá, busqué el mando y cuando lo encontré, sonó el teléfono. Me levanté a regañadientes.
-¿Diga?-pregunté con desgana mirando la fotografía que había al lado de el aparato; mi madre abrazada a mí cuando tenía siete años. Me encanta la foto, pero el marco lo cambiaría de inmediato. Se lo he dicho un par de veces.
Sentí un murmullo en mi oreja izquierda, me había olvidado que estaba hablando con alguien.
-Perdone, ¿puede repetir?
-¿Hablas español?-la voz era apagada, de mujer. Por suerte la entendí, mi madre me obligó a aprender español en la escuela. Su idioma natal.
-Sí, ¿con quien hablo?-fruncí el ceño. Solamente mis abuelos hablan español, al menos que yo conozca y ellos siempre me hablan en inglés. Excepto cuando está mamá delante.
-¿Está tú madre en casa?
-No, está trabajando. ¿De parte de quién?
-De su madre-mis ojos casi se salen de sus órbitas. Aquella mujer me está tomando el pelo.
-Perdone pero eso es imposible, su madre murió.
-¿Eres su hijo?
-Sí-dije dubitativo de darle esa información.
-Tú solamente dile que ha llamado su madre. Te entenderá perfectamente. Adiós-colgó antes de que me diese tiempo a pedir explicaciones de porque me engañaba.
Mi madre ya me lo dijo, solo tenía dos abuelos; sus padres murieron en un accidente de coche. Esa mujer o estaba loca o quería darme una broma, una pésima broma.
Me quité el auricular de la oreja dejándolo en su sitio.
¿Y si ha sido mi madre quién me ha engañado? No puede ser. Mamá jamás me mentiría en una cosa así.
Con los pies arrastrando, pasando miles de cosas por mi mente, me senté de nuevo en el sofá. Sin encender la televisión. Solo dejé mi mirada perdida, pensando en aquella señora.
***
Había pasado más de una hora desde la llamada; sentí el coche de mi madre aparcando en el garaje. Seguí sentado en el sofá, esperaría a que entrara.
-J.J, ya he llegado-fue directa a la cocina a dejar la compra-. ¿A qué no sabes qué?-sentí que venía hacia a mi por el ruido de sus tacones-. Tengo libre hasta el lunes por la mañana-se sentó a mi lado, cogiéndome del brazo con una enorme sonrisa-. ¿No estás contento?-subí la mirada para encontrarme con sus ojos claros, interesados por saber que me ocurría.
Me quité de su lado y me puse en pie.
-Ha llamado tu madre-puso los ojos en blanco.
-Mi madre…está muerta-tartamudeó y esbozó una sonrisa-. Te ha engañado-se levantó rápidamente para ir a la cocina-. Prepararé la cena.
-Mamá-fui trás ella-. ¿Tengo abuelos?
-¡Claro qué no!-exclamó. Puse los ojos en blanco-. No tienes abuelos-dijo más calmada dándose la vuelta para mirarme.
-Me estás engañando, no te creo. La llamaré para ver que me dice, se ha quedado su número grabado-hice ademán de andar.
-No-me cogió del brazo. Sus ojos se humedecieron-. Te lo explicaré todo cuando hable con ella.
Entonces existía de verdad.
Dejándome ahí de pie subió al piso de arriba para no poder escuchar la conversación.
Pensando en que tardaría rato en bajar, esta vez puse la televisión para distraerme en algo y no pensar en que mi propia madre me había engañado.
Pero solo vi un poco, mamá ya bajaba por las escaleras lentamente. Apagué el televisor y me puse en pie, mirándola. Temblante se acercó a mí. Se sentó y la imité. Dejó clavada la mirada en el suelo.
-¿Qué quería?-subió la cabeza, como si la hubiera asustado.
-Mi padre… quiere verme. Se está muriendo-dijo con vergüenza. Resoplé, incrédulo.
-¿No se supone qué ya tiene que estar muerto?
-Por razones las cuales no quiero recordar tuve que mentirte.
-¿Mentirme sobre la existencia de mis abuelos? ¿De tus padres?-exclamé.
-No te pienso decir nada más-murmuró-. Y tienes que respetar mi decisión, por algo soy tu madre-sin mirarme, se levantó.
-¿Qué es lo que te hicieron para que me engañes así?-se paró y me puse en pie-. Creo que por mucho que te hayan echo no está bien que digas que han muerto. Por Dios mamá, te dieron la vida-me sorprendí de mi mismo al estar hablándole así a mi madre, y si se acercara para abofetearme estaba en todo su derecho. O no se yo después de mentirme así.
Mamá enarcó una ceja y entre abrió la boca.
-¿Quieres saberlo?-susurró.
-Sí-no contesté enseguida.
-¡¿De verdad quieres saberlo?!-se acercó a mí, me asustó.
Pero igualmente asentí con la cabeza.
Mamá no dijo más y echa una furia me cogió del brazo escaleras arriba. Me asusté porque me estaba haciendo daño por primera vez, con sus mentiras y con su mano.
Me soltó en la puerta de su habitación, entró y sentí el ruido de los cajones abriéndose con fuerza. Entré tímidamente y vi como revolvía toda la habitación, sollozando.
Ahora pensé que si había sido una buena idea exigirle que me explicara la verdad.
-¡Aquí tienes!-estiró el brazo ofreciéndome un libro.
No aguantó más y cayó al suelo quedándose de rodillas, llorando.
-Mamá-se me quebró la voz.
-Yo quería dártelo cuando me marchara-me estremecí-. Ten-susurró-, cógelo. Aquí tienes todo lo que pasé a los dieciséis años, la muerte de tu padre y el porqué he dado por muertos a tus abuelos-dijo entre sollozos.
Aún sorprendido y con miedo, me acerqué a ella para coger aquel… diario.
-Lo leeré en el camino-dije muy seguro.
-¿Camino?-subió la mirada frunciendo el ceño.
-¿No piensas ver a tu padre?-se encogió de hombros-. Yo si quiero conocerlos, aunque puede que los odie como tú cuando lea esto-desvié mi mirada al diario.
Mi madre quedó pensando. Asintió con la cabeza.
-Como quieras. Estás en todo tu derecho.
-¿Estás bien?
-Sí-se puso en pie torpemente, secándose las lágrimas-. Solo que-respiró hondo-, cuando lo leas me entenderás. Al menos, eso espero-se encogió de hombros.
-Claro-pensé que un buen abrazo no le vendría mal. Adelanté dos pasos y la abracé por la cintura, hasta donde yo le llegaba.
-No pasa nada-me besó la cabeza-. Ve a ver el partido de los Lakers mientras yo preparo la cena, ¿vale?
-Sí. Se me olvidó por completo el partido-sonreí separándome de ella.
-Ordenaré esto-se arrodilló en el suelo y empezó a recoger las cosas.
Me dirigí a la puerta y le dediqué un último vistazo. ¿Qué le pasó para qué esté así? No lo sé, pero lo averiguaré. Miré el diario y me marché.
Fui a la habitación contigua dejando el diario sobre mi escritorio. Me moría de la curiosidad, pero ya empezaría mañana por leer. Ahora, me apetecía estar con mi madre. Lo necesitaba.
Bajé las escaleras y fui directo a sentarme en el sofá para encender la televisión. Mamá tenía razón, el partido de los Lakers ya empezó y es que, es tan fan como yo de ese equipo. Cuando tendría que haberlo sido mi padre, lo ha sido ella.
***
-¿Cómo van?-sentí la voz de mi madre, un poco apagada, detrás de mí. Me giré para verla. Se había cambiado de ropa, se puso más cómoda.
-Los Lakers le ganan por paliza, ya están en el segundo tiempo.
-Eso es genial-sonrió de oreja a oreja y se sentó en el posa manos al lado de mí-. Nos vamos mañana por la mañana, he aprovechado que tengo libre y volveremos el lunes. ¿Te parece bien?
-Sí-siseé. Dirigí la mirada al televisor y sentí su suave mano en mi cabeza.
-Mmm, tengo que hacerte esta trenza. Se te está destrozando.
-¿En serio?-puse mi mano donde hacia un segundo la tenía ella. Tenía razón.
-Te la haré después. Voy a preparar la cena ya de verdad-rió.
-Buenas noches cielo-me besó en la frente.
-Te quiero mamá-me sonrió y cerró la puerta de mi habitación.
Sin querer, dirigí la mirada a mi escritorio. Allí seguía aquel diario. No me resistí y me acerqué para ver la primera página. Reconocí la letra de mi madre. Bostecé. Mis párpados me pesaban. Sería mejor descansar. Mañana iba a ser un día muy largo.
Prefacio
Cuando cerré el diario, comprendí lo que tuvo que pasar mi madre para ocultarme la existencia de mis abuelos y, la verdadera razón de la muerte de mi padre.
Aún tembloroso por descubrir la verdad de golpe, me acerqué a ella que seguía en pie esperando a que nuestras maletas apareciesen; me coloqué a su lado y rocé su mano izquierda. Ella bajó su mirada, nostálgica, y esbozó una media sonrisa al darse cuenta que había terminado de leer su diario.
-¿Qué…?-me aclaré la voz-. ¿Qué pasó después? ¿Por qué dejaste de escribir?
Mi madre me miró rota por el dolor de volver a recordar, me dolía verla así pero, sabía que necesitaba una explicación; que ya era mayor para saber toda la historia.
Giró la cabeza y se agachó para coger nuestra maleta de la cinta; la dejó en el suelo, me cogió de la mano y me llevó hacia unos asientos. Suspiró.
Aún tembloroso por descubrir la verdad de golpe, me acerqué a ella que seguía en pie esperando a que nuestras maletas apareciesen; me coloqué a su lado y rocé su mano izquierda. Ella bajó su mirada, nostálgica, y esbozó una media sonrisa al darse cuenta que había terminado de leer su diario.
-¿Qué…?-me aclaré la voz-. ¿Qué pasó después? ¿Por qué dejaste de escribir?
Mi madre me miró rota por el dolor de volver a recordar, me dolía verla así pero, sabía que necesitaba una explicación; que ya era mayor para saber toda la historia.
Giró la cabeza y se agachó para coger nuestra maleta de la cinta; la dejó en el suelo, me cogió de la mano y me llevó hacia unos asientos. Suspiró.
Capítulo 24.
-He hablado con mi padre-dijo Claire con su teléfono móvil en sus manos, Tom y Bill la escucharon-. Ya tenemos los billetes para esta noche-esbozó una sonrisa.
-¿Vamos a ir los tres?-preguntó el menor de los gemelos.
-Sí porque si vas tú solo te perderías y Tom…-lo miró y sonrió.
-Porque soy tú hermano-puso su mano en el hombro de este-, y por eso tengo que estar contigo en todo.
-¿Mi hermano?-lo miró de arriba abajo-. Yo no sé lo que es eso-con una mueca de asco quitó la mano de su hombro.
-Bill-replicó-, sí quieres a Eva, ¿qué te importa?
-Ya hablaremos, tengo que hacer la maleta-se levantó y abrió su armario-. ¿Por qué no acompañas a Claire a su habitación, ya que te gusta tanto, y de paso avisas a nuestros amigos que nos vamos? Y ya puestos-pensó-, a todos nuestros profesores.
-De acuerdo-se levantó a regañadientes.
-Hasta luego Bill-Claire se despidió con su mano.
-¿Hasta luego?-murmuró cuando ya se fueron-. Verás tú un hasta luego…
***
El avión hacia México salía a las 10 de la noche; suerte que tenían el aeropuerto al lado.
Bill temblaba de los nervios por no dejar de pensar si Eva ya se habría casado. Sacudió la cabeza para quitarse eso de la cabeza.
Miró a su alrededor, hacia ya tres horas que habían despegado y se aburría como una ostra. La gente hablaba, dormía o se paseaban por el avión.
-Habladme de algo que…-giró su cabeza para ver a sus dos compañeros de asiento y no le gustó nada lo que se encontró-. ¡Venga ya! Que estoy al lado un poco de decendia-replicó haciendo muecas.
Claire y Tom desencajaron sus bocas y dirigieron la vista a Bill que seguía haciendo muecas.
-¿Y qué quieres?-Tom se encogió de hombros.
-Que al menos me dejaras la ventana. Es que me parece demasiado ya. Mamá nos enseñó que teníamos que tener modales, ¿y los tuyos? Ya sé, te lo acaba de absorver Claire-dijo con sorna. Claire que estaba en medio de los dos miraba al frente para de alguna manera no entrar en la conversación-. Sí Claire y no te hagas la despistada-lo miró con los ojos en blanco-. Que yo sepa hasta hace unos días me decías cosas como: “ay Bill que bien que me siento contigo”-puso vocecita y Claire entre abrió la boca-. Y hasta hace unos días eras la chica de mi vida y eso lo sabías muy bien Tom-achinó la mirada.
>>Porque vale que quiera a Eva pero, ¿y si no hubiera sido así?-Tom y Claire se miraron cansados de escucharle, aquella charla iba para rato-. ¿No te da pena tú hermano gemelo?-se hizo el ofendido-. Es que, ¡eres mi gemelo! Que fuerte me parece-dijo para sí apoyando la espalda en el asiento.
-¿Has terminado?-preguntó Tom alzando sus cejas.
-Sí, ya me he quedado a gusto-cerró los ojos-. Y quiero dormir-abrió su ojo izquierdo-, y no quiero escuchar como intercambiáis saliva delante de mis narices. Que por cierto-se echó hacia delante mirándolos-, yo también lo he hecho-Claire abrió la boca, ¿cómo pudo decir eso delante de ella?
-Bill-sonrió-, no es la primera vez que lo hacemos-Claire abrió aún más la boca, de lo que se estaba enterando…
-Ya…-se dio cuenta de que tenía razón y se quedó sin recursos-. Bueno que me dejéis-volvió a acomadarse en el asiento.
-Bill-abrió un ojo para ver a Claire-, ¿si te digo algo te quedarás más tranquilo?
-Puede.
-Si nos enrrollamos fue porque sabíamos que esto pasaría. Lo hablamos antes de intercambiar salivas-lo imitó.
-¿Y cómo?-se incorporó soltando un soplido.
-Para empezar la manera de mirar a Eva.
-Sí y en la manera que hablaba con ella-continuó Tom.
-¿Te has dado cuenta qué cuando tontea con alguien mueve mucho su pie izquierdo?-rio y aquello se convirtió en una conversación entre Tom y ella-. Me di cuenta el otro día, conmigo también lo hizo.
Al escuchar aquello intentó acordarse si era cierto y, sí. Era cierto, más de una vez se lo han dicho.
-Es verdad-rieron-. Pero eso no es todo…
-Sé que soy delgado para no verme, ¡pero sigo aquí!-interrumpió.
-¿Por qué no te duermes?-sugirió su hermano.
-¿Qué te piensas, que no lo he intentado?
-Tengo una idea-dijo Claire y se acercó a la oreja de Tom para que Bill no la escuchara.
-¿Ahora empezamos con los secretitos? Dímelo, venga, dímelo-exigió para cuando terminaron.
Tom y Claire cogieron las revistas que tenían y empezaron a ojearlas haciendo caso omiso de lo que hablaba Bill.
-¿Me ignoráis?-resopló-. Vale, cuando crezcáis me llamais-se apoyó en el asiento, inquieto por saber de que habían hablado-. Que me lo digáis-explotó.
-Ahora vuelvo-Tom se levantó, Claire apartó sus pies para que pudiera pasar y solo faltaba su hermano.
-No me voy a quitar hasta que me lo digas-se cruzó de brazos y asomó más sus pies obstruyéndole el paso.
-¿Ahora quién es el chiquitín?-lo cogió de los mofletes, tratándole como a un niño pequeño. Al ver que eso no tenía solución, pasó por encima suya.
***
Tom volvió a los diez minutos con tres vasos de agua ofreciéndole a los demás.
-Gracias-dijo su hermano cogiéndolo.
Se lo bebió de un sorbo, la verdad es que estaba sediento.
Sentía que lo miraban mientras se lo bebía y al girar la cabeza, supo de quienes se trataban.
-¿Qué?-preguntó extrañado.
-Nada, nada-disimularon bebiendo de su vaso.
Algo no iba bien, y seguro que estaba detrás de esto Claire, por lo que le dijo a la oreja y no podía escucharla. Iba a protestar enseguida, iba a cantarle las 40 pero, de pronto se sintió sin fuerzas; sus pestañas pesaban demasiado y…
-Ya está-sonrió Claire-dormidito.
-¿Por dónde nos hemos quedado?-Tom la atrajo hacia él.
-Por aquí-sonrió pícara y junto sus labios con los de él.
***
Faltaba solamente unos minutos para aterrizar en el aeropuerto de Guadalajara y Bill aún seguía en el quinto sueño.
-¿Ahora qué hacemos?-preguntaba Claire nerviosa a la vez que pegaba a Bill en la cara. Bill no movía ni un músculo-. ¿Cuántas pastillas le has dado?
-La azafata me dio dos por si no llegaba a dormirse.
-¿Le has dado dos pastillas?-gritó y se le quedaron mirando-. ¿Estás loco?-susurró entre dientes.
-Pensé que así nos dejaría más tranquilos-se rascó la cabeza.
-Pues ahora lo vas a llevar tú en brazos-la señal de “póngase el cinturón se encendió”, Claire se lo puso a Bill y después se lo abrochó ella.
***
-Vamos que no cogeremos a tiempo el autobús-pedía a Tom.
-Claro, como tú solo llevas tres maletas-replicó-. Que aunque parezca huesos… ¡pesa!
Tom llevaba a su hermano colgado de sus hombros; todo el aeropuerto se le quedaba mirando al pasar a su lado.
-Mira yo-se agachó para dejar a Bill tumbado en el suelo a sus pies-, lo siento mucho pero es que pesa demasiado.
-¿Cómo se te ocurre dejarle ahí? Estamos haciendo gentes-murmuró colocándose sus gafas de sol y sonriendo a todo aquel que se les quedaba mirando.
-Tranquila ya lo estábamos haciendo nada más bajar del avión-puso sus manos en la cintura-. ¿Y si Eva ya está casada? Hemos echo todo esto para nada.
-¡Eh! No quiero negatividad aquí-levantó el brazo-. Voy a llamar a Eva-sacó su teléfono y marcó el número de su mejor amiga-. Tú mientras despiértale.
Tom resopló y empezó a darle suavemente con su pie, pero Bill seguía roncando.
***
-Tranquila mija, todo saldrá bien.
Eva estaba sentada frente al espejo de su habitación, acababa de despertarse; toda su familia estaba allí en Colima ya que era un evento especial. Para todos, menos para ella.
Mientras que todos radiaban alegría en su rostro, Eva deseaba que ocurriese algo por la cual no celebraran esa boda aunque, por otra parte estaba deseando; quería quitarse de la cabeza al estúpido de Bill.
El sonido de su teléfono la despertó de sus sueños, lo buscó con la mirada y se levantó hacia su mesita de noche. Frunció el ceño al ver el nombre.
-¿Claire?
-Eva-gritó y tuvo que apartarse el aparato-. ¿Te has casado ya?
-No-suspiró-, dentro de un par de horas-cerró los ojos.
-Bien, nos da tiempo.
-¿Tiempo para qué?-quiso saber.
-Eva no tie…-de pronto no escuchó nada.
-¿Claire?-miró la pantalla y la conversación había acabado. Se encogió de hombros y reprimió un suspiro.
-Mija-entró su madre, se dio la vuelta para verla. Estaba tan feliz que Eva cambiaba su rostro cuando aparecía ella para no arruinarle su sonrisa-. Tenemos que peinarte, vamos.
-Sí mamá-avanzó hacia ella.
***
-¡Mierda!-maldijo gritándole al móvil y dando patadas en el suelo.
-¿Qué pasa?-preguntó.
-Se ha cortado pero tenemos tiempo, aún no se ha casado-miró por todas partes en busca del autobús que debía de estar ya allí-. ¿Has visto un autobus azul por casualidad?
-¿Te refieres a ese?-señaló detrás de ella. Cuando se giró entre abrió la boca.
-¡Es ese! ¡Corre!-cogió las maletas y cruzando la carretera sin mirar corrió gritándole al conductor en español-. ¡Espere, espere!
Tom bufó y reuniendo fuerzas volvió a coger a su hermano en peso para imitar a Claire.
-Uf, menos mal que hemos llegado-Claire le habló al conductor, sonriendo amablemente comprando los billetes.
-¿Ese chico está bien?-preguntó con desconfianza al ver a Tom con Bill encima.
-¿Qué?-le miró-. ¡Oh sí! No tiene porque preocuparse-rio, nerviosa y el conductor seguía con desconfianza.
-Podéis sentaros.
Aquello estaba abarrotado. Mientras Claire buscaba asientos libres Tom se disculpaba como podía por darles con Bill.
-Déjalo aquí-le señaló un asiento libre al lado de una señora rellenita-. ¿Está libre?-a lo que le señora afirmó con la cabeza.
Tom bajó a Bill y lo sentó soltándole un ronquido en modo de agradecimiento.
-¿Dónde nos sentamos ahora?-preguntó Tom.
-Yo me sentaré aquí-se sentó en el asiento contiguo de Bill-, y tú allí-le señaló tres asientos atrás.
Tom resopló y a regañadientes se sentó al lado de un chico de más o menos 10 años.
Bill, no consciente de ello, apoyó su cabeza en el hombro de la mujer que estaba a su lado; ella, asustada, buscó a la chica rubia que venía con él.
-Oiga chava, ¿se encuentra bien el chico?
-Sí, tranquila. Es que hemos tenido un viaje muy largo y está cansado, eso es todo-le sonrió.
La mujer quedándose un poco más tranquila fijó su mirada en la ventana pero sin quitar la vista de Bill.
***
Habían transcurrido dos horas de viaje y Claire y Tom ya estaban más que artos. Tom estaba cansado desde el minuto que arrancaron de aquel crío, si no hubiera sido porque estaba la madre ahí mismo, le habría soltado un mamporro; no le dejó dormir, nada más que pegando saltos en el asiento, tampoco le dejó disfrutar del viaje ya que le estaba dando todo el rato y lo que es peor, le hablaba y él sin enterarse de lo que decía por más que le repetía que no hablaba español. Se restregó la cara con su mano bufando.
Por otra parte estaba Claire, cuyo compañero de asiento era un deprimido; al parecer le acababa de dejar la novia y entre lágrimas le contó su historia. Una vez le pareció bien, dos, también, pero tres lo vio excesivo y ya se estaba aburriendo de tenerlo en su hombro. Pero más tarde cayó en la cuenta de que lo único que quería aquel tipo no era su hombro para llorar, sino, algo más.
-Ya basta de llantos falsos-le apartó y el hombre volvió a llorar. Claire bufó, miró para atrás para ver a Tom y sintió pena por él al ver que perdió los nervios y le quitó el juguete al niño; echó un vistazo a su lado y Bill seguía durmiendo. No tenía de que preocuparse.
Bill creyó que debía ser el momento para abrir los ojos; estirándose y soltando un bostezo acompañado de un sonrisa abrió sus ojos.
Se sentía raro, había dormido mucho, pero no era por eso.
-¿Dónde estoy?-murmuró con el ceño fruncido.
-Hola-escuchó a su lado en español.
Giró su cabeza y al ver a esa señora sonriéndole con intenciones, chilló pegando un salto.
-Claire, Tom-gritó asustado mirando por todas partes.
-Estoy aqui-lo cogieron de la chaqueta por detrás.
-Claire-suspiró aliviado al verla-. ¿Quién es esta?-la miró por el rabillo del ojo-. Me mira de forma extraña-le sonrió forzado.
-Eso es porque te has tirado las dos horas enteras abrazándola.
-¿Qué?-dijo en un grito ahogado-. ¿Cómo he llegado hasta aquí? ¿Cómo no me enterado de nada? Claire, exigo una respuesta-exclamó.
-Verás-se mordió el labio inferior-. Puede que Tom y yo te durmiéramos para…-achinó la mirada con miedo a la reacción de Bill.
-¡¿Me habéis drogado pedazos de…?!-se mordió la lengua. Claire le dijo que se callara, todo el autobús clavó la mirada en ellos.
-Te quejaste de que querías dormir. Desagradecido, encima que lo hacemos por ti…-se cruzó de brazos.
-Mira no quiero discutir eso ahora-sacudió la cabeza-. ¿Sabes algo de Eva?
-Que en breves estaremos con ella-sonrió-. Mira-le señaló para el frente.
Cuando miró las casas que empezaban a asomar, ya habían llegado a Colima.
Bill sonrió, contento y nervioso a la vez.
-Este es el plan-comenzó a decir Claire una vez dejados en tierra-. Cogeremos un taxi e iremos de inmediato a la iglesia.
-Espera-interrumpió Bill-. ¿Sabes en qué iglesia es?
-No me lo ha dicho, pero supongo que será en la que hay al lado de su casa.
-Claire no estamos para suposiciones-exclamó.
-Bill, tranquilizate. No perdamos la calma-intervino Tom.
Claire pidió un taxi.
-Dios mio, los nervios me comen-enterró su rostro en sus manos.
-Respira hondo-le dijo Claire-. Cuando entres en la iglesia tienes que decir yo objeto.
-¿Yo…ob…qué?-intentó decirlo-. ¿Y por qué no digo: Eva no?-enarcó una ceja.
-Porque no queda bonito-chasqueó la lengua-. Probemos de nuevo.
La trayectoria duró quince minutos y dieron por perdido que Bill pudiera decir aquello, hasta Tom lo dijo bien.
Al aparcar el coche Bill abrió la puerta rápido para salir por encima de Claire.
-Tú entra corre no te preocupes por nosotros-le dijo Claire a lo que Bill ignoró completamente.
Esquivó a personas, perros, subió las escaleras de dos en dos hasta llegar a la puerta que estaba abierta.
Le dio un vuelco el corazón; Eva ya estaba en el altar con Roberto a espaldas de él. No se lo pensó dos veces.
-¡Yo objeto!-entró corriendo.
De fondo se escucharon las reacciones de todos a la vez que se giraban para ver a quien osaba interrumpir esa boda.
Bill buscó la mirada de Eva, pero…
-Tú no eres Eva-la señaló achinando la mirada-, y tú no eres Roberto-señaló al hombre. Los dos se miraron extrañados, confusos.
A Bill se le encendieron las mejillas.
-Vaya por dios-chocó sus manos y rio nervioso-. No me estáis entendiendo nada así que, yo me voy yendo-retrocedió-. Que verguenza esto. Buena suerte y viva México-se fue de allí lo más rápido que pudo.
-¿Qué pasa?-preguntó su hermano al ver que iba hacia ellos con cara de pocos amigos.
-¡No era Eva!-exclamó.
-¿Cómo que no?-frunció el ceño, confusa.
-Diciendote que no.
-Vale-agachó la mirada-. Ahora si es buen momento para perder la calma-Bill bufó echándose manos a la cabeza.
-¿Y no hay otra iglesia?-preguntó Tom.
-Que yo sepa no. A lo mejor ya…-no terminó la frase. Los dos miraron a Bill que le cambió el rostro a una tristeza enorme.
-Lo siento-Tom se acercó a él y le pasó la mano por el hombro.
-No te preocupes-se encogió de hombros.
Y al poco rato de estar en silencio, unas campanadas de iglesia llamaron su atención.
-Que raro-dijo Tom mirando para arriba-, estas campanas no se mueven.
-Es que no son de esta iglesia-murmuró Bill con un brillo de esperanza en los ojos.
-Mirad allí-señaló Claire. Detras de unas casas asomaba una torre propia de una iglesia con sus campanas moviéndose.
-¡Vamos!-Bill echó a correr.
-Que raro, esto no estaba aquí cuando yo…-Tom la cogió de la mano y echaron a correr trás Bill-. Espera-se frenó-, las maletas.
Los coches le pitaron, la gente le reclamó que le empujaran pero Bill no iba a parar. No cuando tenía la esperanza de que Eva estuviese en esa iglesia sin ser la esposa de Roberto.
Había un par de personas vestidas muy elegante entrando a aquella iglesia, algo pequeña comparada con la otra. “Que más da” pensó.
Jadeando, aminoró el paso cuando ya estaba en la puerta principal. No se lo pudo creer; era Roberto quien esperaba a Eva en el altar mientras que Eva, se dirigía hacia él.
Bill tragó saliva y comenzó a andar hacia ella, todavía le faltaba camino para llegar y no le importaría impedírselo; la cogería del brazo dándole media vuelta para decirle todo lo que sentía hacia ella.
Pero eso, no fue del todo necesario. Bill paró de andar en cuanto vio que Eva lo hizo; todos abrieron la boca, sorprendidos pero no por verle a él, sino por ella.
Bill enarcó una ceja esperando a que ella hiciera algún movimiento. Eva se dio la vuelta y sin mirar al frente empezó a correr. La iglesia se hizo eco de los gritos de sorpresa e indignación por lo que estaba haciendo.
Eva estaba dispuesta a escapar, no le importaba nada pero no iba a poner en peligro su futuro; ese futuro no lo quería para ella. Cuando pensaba que lo tenía todo solucionado, chocó contra algo y ese algo la cogió del brazo para impedir que cayera al suelo.
Eva subió la mirada lentamente para maldecirle, pero solo pudo entre abrir la boca en cuanto reconoció quien era.
-Tú…-susurró abriendo los ojos, sorprendida.
-Yo…-dijo Bill-. ¿A dónde ibas?-esbozó una media sonrisa.
-No contaba con esto-murmuró mirando al suelo-. A ninguna parte-contestó.
Eva miró a su alrededor, todos los observaban extrañados y se sintió muy avergonzada.
-Eva-reconoció la voz de su padre detrás de ella. Cerró los ojos.
-Dime una cosa, ¿por qué no te acompaña tú padre del brazo?-quiso saber.
-Porque no me ha dado la gana-dijo entre dientes-. Ahora sería buen momento para explicarme que haces aquí.
-No me has invitado a la boda-se cruzó de brazos. Estaba claro que quería jugar, por eso no le soltaba todo de una vez.
-¿Quién es?-el padre de Eva se acercó a ellos-. ¿Por qué has salido corriendo?-se estaba preocupado demasiado.
-No pasa nada papá, yo solo…-pensaba en que decirle. Entonces, vio dos figuras trás de Bill y reconoció a su amiga. Sonrió para sí-… iba a saludar a Claire.
Bill se dio media vuelta para verles, venían con las maletas y jadeando. Claire al ver que era observada saludó.
-Sí lo sé vengo más guapa-le dijo a Tom entre dientes-. Que maneras de presentarme a una boda-éste chasqueó la lengua.
-Su hija le ha mentido-intervino Bill y Eva lo fulminó con la mirada-. Iba a escapar, no quiere casarse.
-¿Bill qué hacéis aquí?-una voz más, Roberto acababa de aparecer.
-Roberto este chico dice que Eva no se quiere casar-Bill se arrepintió un poco al decir eso cuando vio que al padre de Eva le iba a dar un ataque.
-Cálmate papá, este chico se mete cosas que no debe-hizo resonar las últimas palabras-. Roberto, vamos-entrelazó su brazo con el suyo.
-Eva, tengo que hablar contigo.
-Después de la boda-miró al frente.
-Va a ser ahora-alzó la voz.
-Podemos esperar-dijo Roberto quitándole el brazo. Eva puso los ojos en blanco-. Solo será un momento-le explicó al padre y éste asintió con la cabeza.
-Qué quieres-preguntó con desgana, cruzándose de brazos.
Bill la miró de arriba abajo, no se había dado cuenta lo preciosa que estaba con aquel vestido. Se le iluminaron los ojos.
-Yo era un chico tranquilo-dijo tras un suspiro-. Todo me iba perfecto hasta que apareciste tú. Me caíste muy bien al principio, pero después empezaste a cagarla con tus cositas de ser la primera en todo.
-Creo que eso ya lo sabemos todos-le interrumpió.
-¿Su hija sabe qué no hay que interrumpir cuándo uno está hablando?-se dirigió al padre.
-Creeme, se lo digo continuamente-Eva resopló.
-Sí, a mi también me hace lo mismo-dijo Roberto.
-Y a mí que soy su madre, mira que se lo digo veces-sé escuchó una voz a lo lejos.
-Tranquilos, a mí también me lo hace. Soy su compañera de habitación.
-¡Nos ha quedado claro!-intervino Eva-. ¿Puedes continuar?
-El caso es que, ya sabes que llegué hasta el punto de desear que te pasara algo, malo-todos abrieron la boca.
>>Pero también, he llegado al punto de darme cuenta que, quiero vivir sin ti pero, contigo.
-Eso no es lo que me dijiste.
-Lo sé y no sabes cuanto lo siento. Tenía miedo, ¿vale? Miedo a enamorarme de la persona que más odio. Y por mucho que quería negarlo, mi corazón… no podía.
-Nos llevamos como el gato y el ratón-añadió. No iba a dar su brazo a torcer así como así.
-Pero como ya te he dicho, el gato se ha enamorado del ratón.
-¿Por qué tengo que ser yo el ratón?-preguntó Eva tras un silencio.
-¿Quién ha dicho que yo me he enamorado de ti?
-Has sido tú quien ha cruzao el atlántico para decirme esto.
-Ya pero, has sido tú quien se iba a escapar de su boda.
-Eso no dice que te quiera.
Todos resoplaron al ver que, después de lo que acababa de decir Bill tan bonito, acabaran discutiendo.
-¿La vas a besar o qué?-preguntó el padre, inquieto.
-Como usted mande-a Eva no le dio tiempo a abrir los ojos al escuchar lo que dijo su padre. Bill la cogió de la cintura y la atrajo hacia él juntando sus labios quedando en un beso deseado.
-Ese es mi hermano-gritó Tom aplaudiendo, y acto seguido, lo imitó pero con Claire.
-Eres más tonto-susurró Eva, al separarse.
-Anda que tú-rió.
-Te quiero-le besó.
-Yo también.
La iglesia entera festejó el beso de Eva con Bill como si se hubiese casado con Roberto.
-Un momento-los interrumpió el padre-. ¿Qué pasará con Roberto?
-No te preocupes por mí-sonrió. Se fue corriendo, todos le siguieron con la mirada y se sorprendieron al ver que cogió a la hermana pequeña de Eva y la besó.
-No puede ser-dijeron a la vez la madre, el padre y Eva-. ¿Desde cuándo?-preguntó el padre cuando se acercaron tímidos.
-Desde hace mucho ya, papá-dijo sonrojada entrelazando su mano con la de él.
-Me lo podrías haber dicho y así casarte tú con él. Eva, dale tú vestido.
-Papá, ¿por qué no te dejas de bodas?-dijo sin apartarse de Bill.
-Es que, quería veros casadas antes de que me vaya…-se abrazó a su mujer.
-Alégrese-dijo Bill-. Veo que a usted le queda mucha vida por delante-sonrió.
-A ti no-borró de inmediato la sonrisa-. Me has echo gastar mucho dinero en esta boda-se la paró el corazón y tragó saliva-. Es broma-soltó una carcajada y todos le acompañaron.
-Oye-dijo Eva-. ¿Tú hermano y Claire se están besando?-frunció el ceño.
-Ah, sí. Los pillé-rio.
-Y por eso has venido a buscarme-se separó de él-. Como ya no la tenías a ella…
-¿En serio?
-No. Era broma-rieron.
Bill la cogió de las manos, las besó y después posó sus labios encima de los de ella haciendo que esta historia, llegue a su fin.
-¿Vamos a ir los tres?-preguntó el menor de los gemelos.
-Sí porque si vas tú solo te perderías y Tom…-lo miró y sonrió.
-Porque soy tú hermano-puso su mano en el hombro de este-, y por eso tengo que estar contigo en todo.
-¿Mi hermano?-lo miró de arriba abajo-. Yo no sé lo que es eso-con una mueca de asco quitó la mano de su hombro.
-Bill-replicó-, sí quieres a Eva, ¿qué te importa?
-Ya hablaremos, tengo que hacer la maleta-se levantó y abrió su armario-. ¿Por qué no acompañas a Claire a su habitación, ya que te gusta tanto, y de paso avisas a nuestros amigos que nos vamos? Y ya puestos-pensó-, a todos nuestros profesores.
-De acuerdo-se levantó a regañadientes.
-Hasta luego Bill-Claire se despidió con su mano.
-¿Hasta luego?-murmuró cuando ya se fueron-. Verás tú un hasta luego…
***
El avión hacia México salía a las 10 de la noche; suerte que tenían el aeropuerto al lado.
Bill temblaba de los nervios por no dejar de pensar si Eva ya se habría casado. Sacudió la cabeza para quitarse eso de la cabeza.
Miró a su alrededor, hacia ya tres horas que habían despegado y se aburría como una ostra. La gente hablaba, dormía o se paseaban por el avión.
-Habladme de algo que…-giró su cabeza para ver a sus dos compañeros de asiento y no le gustó nada lo que se encontró-. ¡Venga ya! Que estoy al lado un poco de decendia-replicó haciendo muecas.
Claire y Tom desencajaron sus bocas y dirigieron la vista a Bill que seguía haciendo muecas.
-¿Y qué quieres?-Tom se encogió de hombros.
-Que al menos me dejaras la ventana. Es que me parece demasiado ya. Mamá nos enseñó que teníamos que tener modales, ¿y los tuyos? Ya sé, te lo acaba de absorver Claire-dijo con sorna. Claire que estaba en medio de los dos miraba al frente para de alguna manera no entrar en la conversación-. Sí Claire y no te hagas la despistada-lo miró con los ojos en blanco-. Que yo sepa hasta hace unos días me decías cosas como: “ay Bill que bien que me siento contigo”-puso vocecita y Claire entre abrió la boca-. Y hasta hace unos días eras la chica de mi vida y eso lo sabías muy bien Tom-achinó la mirada.
>>Porque vale que quiera a Eva pero, ¿y si no hubiera sido así?-Tom y Claire se miraron cansados de escucharle, aquella charla iba para rato-. ¿No te da pena tú hermano gemelo?-se hizo el ofendido-. Es que, ¡eres mi gemelo! Que fuerte me parece-dijo para sí apoyando la espalda en el asiento.
-¿Has terminado?-preguntó Tom alzando sus cejas.
-Sí, ya me he quedado a gusto-cerró los ojos-. Y quiero dormir-abrió su ojo izquierdo-, y no quiero escuchar como intercambiáis saliva delante de mis narices. Que por cierto-se echó hacia delante mirándolos-, yo también lo he hecho-Claire abrió la boca, ¿cómo pudo decir eso delante de ella?
-Bill-sonrió-, no es la primera vez que lo hacemos-Claire abrió aún más la boca, de lo que se estaba enterando…
-Ya…-se dio cuenta de que tenía razón y se quedó sin recursos-. Bueno que me dejéis-volvió a acomadarse en el asiento.
-Bill-abrió un ojo para ver a Claire-, ¿si te digo algo te quedarás más tranquilo?
-Puede.
-Si nos enrrollamos fue porque sabíamos que esto pasaría. Lo hablamos antes de intercambiar salivas-lo imitó.
-¿Y cómo?-se incorporó soltando un soplido.
-Para empezar la manera de mirar a Eva.
-Sí y en la manera que hablaba con ella-continuó Tom.
-¿Te has dado cuenta qué cuando tontea con alguien mueve mucho su pie izquierdo?-rio y aquello se convirtió en una conversación entre Tom y ella-. Me di cuenta el otro día, conmigo también lo hizo.
Al escuchar aquello intentó acordarse si era cierto y, sí. Era cierto, más de una vez se lo han dicho.
-Es verdad-rieron-. Pero eso no es todo…
-Sé que soy delgado para no verme, ¡pero sigo aquí!-interrumpió.
-¿Por qué no te duermes?-sugirió su hermano.
-¿Qué te piensas, que no lo he intentado?
-Tengo una idea-dijo Claire y se acercó a la oreja de Tom para que Bill no la escuchara.
-¿Ahora empezamos con los secretitos? Dímelo, venga, dímelo-exigió para cuando terminaron.
Tom y Claire cogieron las revistas que tenían y empezaron a ojearlas haciendo caso omiso de lo que hablaba Bill.
-¿Me ignoráis?-resopló-. Vale, cuando crezcáis me llamais-se apoyó en el asiento, inquieto por saber de que habían hablado-. Que me lo digáis-explotó.
-Ahora vuelvo-Tom se levantó, Claire apartó sus pies para que pudiera pasar y solo faltaba su hermano.
-No me voy a quitar hasta que me lo digas-se cruzó de brazos y asomó más sus pies obstruyéndole el paso.
-¿Ahora quién es el chiquitín?-lo cogió de los mofletes, tratándole como a un niño pequeño. Al ver que eso no tenía solución, pasó por encima suya.
***
Tom volvió a los diez minutos con tres vasos de agua ofreciéndole a los demás.
-Gracias-dijo su hermano cogiéndolo.
Se lo bebió de un sorbo, la verdad es que estaba sediento.
Sentía que lo miraban mientras se lo bebía y al girar la cabeza, supo de quienes se trataban.
-¿Qué?-preguntó extrañado.
-Nada, nada-disimularon bebiendo de su vaso.
Algo no iba bien, y seguro que estaba detrás de esto Claire, por lo que le dijo a la oreja y no podía escucharla. Iba a protestar enseguida, iba a cantarle las 40 pero, de pronto se sintió sin fuerzas; sus pestañas pesaban demasiado y…
-Ya está-sonrió Claire-dormidito.
-¿Por dónde nos hemos quedado?-Tom la atrajo hacia él.
-Por aquí-sonrió pícara y junto sus labios con los de él.
***
Faltaba solamente unos minutos para aterrizar en el aeropuerto de Guadalajara y Bill aún seguía en el quinto sueño.
-¿Ahora qué hacemos?-preguntaba Claire nerviosa a la vez que pegaba a Bill en la cara. Bill no movía ni un músculo-. ¿Cuántas pastillas le has dado?
-La azafata me dio dos por si no llegaba a dormirse.
-¿Le has dado dos pastillas?-gritó y se le quedaron mirando-. ¿Estás loco?-susurró entre dientes.
-Pensé que así nos dejaría más tranquilos-se rascó la cabeza.
-Pues ahora lo vas a llevar tú en brazos-la señal de “póngase el cinturón se encendió”, Claire se lo puso a Bill y después se lo abrochó ella.
***
-Vamos que no cogeremos a tiempo el autobús-pedía a Tom.
-Claro, como tú solo llevas tres maletas-replicó-. Que aunque parezca huesos… ¡pesa!
Tom llevaba a su hermano colgado de sus hombros; todo el aeropuerto se le quedaba mirando al pasar a su lado.
-Mira yo-se agachó para dejar a Bill tumbado en el suelo a sus pies-, lo siento mucho pero es que pesa demasiado.
-¿Cómo se te ocurre dejarle ahí? Estamos haciendo gentes-murmuró colocándose sus gafas de sol y sonriendo a todo aquel que se les quedaba mirando.
-Tranquila ya lo estábamos haciendo nada más bajar del avión-puso sus manos en la cintura-. ¿Y si Eva ya está casada? Hemos echo todo esto para nada.
-¡Eh! No quiero negatividad aquí-levantó el brazo-. Voy a llamar a Eva-sacó su teléfono y marcó el número de su mejor amiga-. Tú mientras despiértale.
Tom resopló y empezó a darle suavemente con su pie, pero Bill seguía roncando.
***
-Tranquila mija, todo saldrá bien.
Eva estaba sentada frente al espejo de su habitación, acababa de despertarse; toda su familia estaba allí en Colima ya que era un evento especial. Para todos, menos para ella.
Mientras que todos radiaban alegría en su rostro, Eva deseaba que ocurriese algo por la cual no celebraran esa boda aunque, por otra parte estaba deseando; quería quitarse de la cabeza al estúpido de Bill.
El sonido de su teléfono la despertó de sus sueños, lo buscó con la mirada y se levantó hacia su mesita de noche. Frunció el ceño al ver el nombre.
-¿Claire?
-Eva-gritó y tuvo que apartarse el aparato-. ¿Te has casado ya?
-No-suspiró-, dentro de un par de horas-cerró los ojos.
-Bien, nos da tiempo.
-¿Tiempo para qué?-quiso saber.
-Eva no tie…-de pronto no escuchó nada.
-¿Claire?-miró la pantalla y la conversación había acabado. Se encogió de hombros y reprimió un suspiro.
-Mija-entró su madre, se dio la vuelta para verla. Estaba tan feliz que Eva cambiaba su rostro cuando aparecía ella para no arruinarle su sonrisa-. Tenemos que peinarte, vamos.
-Sí mamá-avanzó hacia ella.
***
-¡Mierda!-maldijo gritándole al móvil y dando patadas en el suelo.
-¿Qué pasa?-preguntó.
-Se ha cortado pero tenemos tiempo, aún no se ha casado-miró por todas partes en busca del autobús que debía de estar ya allí-. ¿Has visto un autobus azul por casualidad?
-¿Te refieres a ese?-señaló detrás de ella. Cuando se giró entre abrió la boca.
-¡Es ese! ¡Corre!-cogió las maletas y cruzando la carretera sin mirar corrió gritándole al conductor en español-. ¡Espere, espere!
Tom bufó y reuniendo fuerzas volvió a coger a su hermano en peso para imitar a Claire.
-Uf, menos mal que hemos llegado-Claire le habló al conductor, sonriendo amablemente comprando los billetes.
-¿Ese chico está bien?-preguntó con desconfianza al ver a Tom con Bill encima.
-¿Qué?-le miró-. ¡Oh sí! No tiene porque preocuparse-rio, nerviosa y el conductor seguía con desconfianza.
-Podéis sentaros.
Aquello estaba abarrotado. Mientras Claire buscaba asientos libres Tom se disculpaba como podía por darles con Bill.
-Déjalo aquí-le señaló un asiento libre al lado de una señora rellenita-. ¿Está libre?-a lo que le señora afirmó con la cabeza.
Tom bajó a Bill y lo sentó soltándole un ronquido en modo de agradecimiento.
-¿Dónde nos sentamos ahora?-preguntó Tom.
-Yo me sentaré aquí-se sentó en el asiento contiguo de Bill-, y tú allí-le señaló tres asientos atrás.
Tom resopló y a regañadientes se sentó al lado de un chico de más o menos 10 años.
Bill, no consciente de ello, apoyó su cabeza en el hombro de la mujer que estaba a su lado; ella, asustada, buscó a la chica rubia que venía con él.
-Oiga chava, ¿se encuentra bien el chico?
-Sí, tranquila. Es que hemos tenido un viaje muy largo y está cansado, eso es todo-le sonrió.
La mujer quedándose un poco más tranquila fijó su mirada en la ventana pero sin quitar la vista de Bill.
***
Habían transcurrido dos horas de viaje y Claire y Tom ya estaban más que artos. Tom estaba cansado desde el minuto que arrancaron de aquel crío, si no hubiera sido porque estaba la madre ahí mismo, le habría soltado un mamporro; no le dejó dormir, nada más que pegando saltos en el asiento, tampoco le dejó disfrutar del viaje ya que le estaba dando todo el rato y lo que es peor, le hablaba y él sin enterarse de lo que decía por más que le repetía que no hablaba español. Se restregó la cara con su mano bufando.
Por otra parte estaba Claire, cuyo compañero de asiento era un deprimido; al parecer le acababa de dejar la novia y entre lágrimas le contó su historia. Una vez le pareció bien, dos, también, pero tres lo vio excesivo y ya se estaba aburriendo de tenerlo en su hombro. Pero más tarde cayó en la cuenta de que lo único que quería aquel tipo no era su hombro para llorar, sino, algo más.
-Ya basta de llantos falsos-le apartó y el hombre volvió a llorar. Claire bufó, miró para atrás para ver a Tom y sintió pena por él al ver que perdió los nervios y le quitó el juguete al niño; echó un vistazo a su lado y Bill seguía durmiendo. No tenía de que preocuparse.
Bill creyó que debía ser el momento para abrir los ojos; estirándose y soltando un bostezo acompañado de un sonrisa abrió sus ojos.
Se sentía raro, había dormido mucho, pero no era por eso.
-¿Dónde estoy?-murmuró con el ceño fruncido.
-Hola-escuchó a su lado en español.
Giró su cabeza y al ver a esa señora sonriéndole con intenciones, chilló pegando un salto.
-Claire, Tom-gritó asustado mirando por todas partes.
-Estoy aqui-lo cogieron de la chaqueta por detrás.
-Claire-suspiró aliviado al verla-. ¿Quién es esta?-la miró por el rabillo del ojo-. Me mira de forma extraña-le sonrió forzado.
-Eso es porque te has tirado las dos horas enteras abrazándola.
-¿Qué?-dijo en un grito ahogado-. ¿Cómo he llegado hasta aquí? ¿Cómo no me enterado de nada? Claire, exigo una respuesta-exclamó.
-Verás-se mordió el labio inferior-. Puede que Tom y yo te durmiéramos para…-achinó la mirada con miedo a la reacción de Bill.
-¡¿Me habéis drogado pedazos de…?!-se mordió la lengua. Claire le dijo que se callara, todo el autobús clavó la mirada en ellos.
-Te quejaste de que querías dormir. Desagradecido, encima que lo hacemos por ti…-se cruzó de brazos.
-Mira no quiero discutir eso ahora-sacudió la cabeza-. ¿Sabes algo de Eva?
-Que en breves estaremos con ella-sonrió-. Mira-le señaló para el frente.
Cuando miró las casas que empezaban a asomar, ya habían llegado a Colima.
Bill sonrió, contento y nervioso a la vez.
-Este es el plan-comenzó a decir Claire una vez dejados en tierra-. Cogeremos un taxi e iremos de inmediato a la iglesia.
-Espera-interrumpió Bill-. ¿Sabes en qué iglesia es?
-No me lo ha dicho, pero supongo que será en la que hay al lado de su casa.
-Claire no estamos para suposiciones-exclamó.
-Bill, tranquilizate. No perdamos la calma-intervino Tom.
Claire pidió un taxi.
-Dios mio, los nervios me comen-enterró su rostro en sus manos.
-Respira hondo-le dijo Claire-. Cuando entres en la iglesia tienes que decir yo objeto.
-¿Yo…ob…qué?-intentó decirlo-. ¿Y por qué no digo: Eva no?-enarcó una ceja.
-Porque no queda bonito-chasqueó la lengua-. Probemos de nuevo.
La trayectoria duró quince minutos y dieron por perdido que Bill pudiera decir aquello, hasta Tom lo dijo bien.
Al aparcar el coche Bill abrió la puerta rápido para salir por encima de Claire.
-Tú entra corre no te preocupes por nosotros-le dijo Claire a lo que Bill ignoró completamente.
Esquivó a personas, perros, subió las escaleras de dos en dos hasta llegar a la puerta que estaba abierta.
Le dio un vuelco el corazón; Eva ya estaba en el altar con Roberto a espaldas de él. No se lo pensó dos veces.
-¡Yo objeto!-entró corriendo.
De fondo se escucharon las reacciones de todos a la vez que se giraban para ver a quien osaba interrumpir esa boda.
Bill buscó la mirada de Eva, pero…
-Tú no eres Eva-la señaló achinando la mirada-, y tú no eres Roberto-señaló al hombre. Los dos se miraron extrañados, confusos.
A Bill se le encendieron las mejillas.
-Vaya por dios-chocó sus manos y rio nervioso-. No me estáis entendiendo nada así que, yo me voy yendo-retrocedió-. Que verguenza esto. Buena suerte y viva México-se fue de allí lo más rápido que pudo.
-¿Qué pasa?-preguntó su hermano al ver que iba hacia ellos con cara de pocos amigos.
-¡No era Eva!-exclamó.
-¿Cómo que no?-frunció el ceño, confusa.
-Diciendote que no.
-Vale-agachó la mirada-. Ahora si es buen momento para perder la calma-Bill bufó echándose manos a la cabeza.
-¿Y no hay otra iglesia?-preguntó Tom.
-Que yo sepa no. A lo mejor ya…-no terminó la frase. Los dos miraron a Bill que le cambió el rostro a una tristeza enorme.
-Lo siento-Tom se acercó a él y le pasó la mano por el hombro.
-No te preocupes-se encogió de hombros.
Y al poco rato de estar en silencio, unas campanadas de iglesia llamaron su atención.
-Que raro-dijo Tom mirando para arriba-, estas campanas no se mueven.
-Es que no son de esta iglesia-murmuró Bill con un brillo de esperanza en los ojos.
-Mirad allí-señaló Claire. Detras de unas casas asomaba una torre propia de una iglesia con sus campanas moviéndose.
-¡Vamos!-Bill echó a correr.
-Que raro, esto no estaba aquí cuando yo…-Tom la cogió de la mano y echaron a correr trás Bill-. Espera-se frenó-, las maletas.
Los coches le pitaron, la gente le reclamó que le empujaran pero Bill no iba a parar. No cuando tenía la esperanza de que Eva estuviese en esa iglesia sin ser la esposa de Roberto.
Había un par de personas vestidas muy elegante entrando a aquella iglesia, algo pequeña comparada con la otra. “Que más da” pensó.
Jadeando, aminoró el paso cuando ya estaba en la puerta principal. No se lo pudo creer; era Roberto quien esperaba a Eva en el altar mientras que Eva, se dirigía hacia él.
Bill tragó saliva y comenzó a andar hacia ella, todavía le faltaba camino para llegar y no le importaría impedírselo; la cogería del brazo dándole media vuelta para decirle todo lo que sentía hacia ella.
Pero eso, no fue del todo necesario. Bill paró de andar en cuanto vio que Eva lo hizo; todos abrieron la boca, sorprendidos pero no por verle a él, sino por ella.
Bill enarcó una ceja esperando a que ella hiciera algún movimiento. Eva se dio la vuelta y sin mirar al frente empezó a correr. La iglesia se hizo eco de los gritos de sorpresa e indignación por lo que estaba haciendo.
Eva estaba dispuesta a escapar, no le importaba nada pero no iba a poner en peligro su futuro; ese futuro no lo quería para ella. Cuando pensaba que lo tenía todo solucionado, chocó contra algo y ese algo la cogió del brazo para impedir que cayera al suelo.
Eva subió la mirada lentamente para maldecirle, pero solo pudo entre abrir la boca en cuanto reconoció quien era.
-Tú…-susurró abriendo los ojos, sorprendida.
-Yo…-dijo Bill-. ¿A dónde ibas?-esbozó una media sonrisa.
-No contaba con esto-murmuró mirando al suelo-. A ninguna parte-contestó.
Eva miró a su alrededor, todos los observaban extrañados y se sintió muy avergonzada.
-Eva-reconoció la voz de su padre detrás de ella. Cerró los ojos.
-Dime una cosa, ¿por qué no te acompaña tú padre del brazo?-quiso saber.
-Porque no me ha dado la gana-dijo entre dientes-. Ahora sería buen momento para explicarme que haces aquí.
-No me has invitado a la boda-se cruzó de brazos. Estaba claro que quería jugar, por eso no le soltaba todo de una vez.
-¿Quién es?-el padre de Eva se acercó a ellos-. ¿Por qué has salido corriendo?-se estaba preocupado demasiado.
-No pasa nada papá, yo solo…-pensaba en que decirle. Entonces, vio dos figuras trás de Bill y reconoció a su amiga. Sonrió para sí-… iba a saludar a Claire.
Bill se dio media vuelta para verles, venían con las maletas y jadeando. Claire al ver que era observada saludó.
-Sí lo sé vengo más guapa-le dijo a Tom entre dientes-. Que maneras de presentarme a una boda-éste chasqueó la lengua.
-Su hija le ha mentido-intervino Bill y Eva lo fulminó con la mirada-. Iba a escapar, no quiere casarse.
-¿Bill qué hacéis aquí?-una voz más, Roberto acababa de aparecer.
-Roberto este chico dice que Eva no se quiere casar-Bill se arrepintió un poco al decir eso cuando vio que al padre de Eva le iba a dar un ataque.
-Cálmate papá, este chico se mete cosas que no debe-hizo resonar las últimas palabras-. Roberto, vamos-entrelazó su brazo con el suyo.
-Eva, tengo que hablar contigo.
-Después de la boda-miró al frente.
-Va a ser ahora-alzó la voz.
-Podemos esperar-dijo Roberto quitándole el brazo. Eva puso los ojos en blanco-. Solo será un momento-le explicó al padre y éste asintió con la cabeza.
-Qué quieres-preguntó con desgana, cruzándose de brazos.
Bill la miró de arriba abajo, no se había dado cuenta lo preciosa que estaba con aquel vestido. Se le iluminaron los ojos.
-Yo era un chico tranquilo-dijo tras un suspiro-. Todo me iba perfecto hasta que apareciste tú. Me caíste muy bien al principio, pero después empezaste a cagarla con tus cositas de ser la primera en todo.
-Creo que eso ya lo sabemos todos-le interrumpió.
-¿Su hija sabe qué no hay que interrumpir cuándo uno está hablando?-se dirigió al padre.
-Creeme, se lo digo continuamente-Eva resopló.
-Sí, a mi también me hace lo mismo-dijo Roberto.
-Y a mí que soy su madre, mira que se lo digo veces-sé escuchó una voz a lo lejos.
-Tranquilos, a mí también me lo hace. Soy su compañera de habitación.
-¡Nos ha quedado claro!-intervino Eva-. ¿Puedes continuar?
-El caso es que, ya sabes que llegué hasta el punto de desear que te pasara algo, malo-todos abrieron la boca.
>>Pero también, he llegado al punto de darme cuenta que, quiero vivir sin ti pero, contigo.
-Eso no es lo que me dijiste.
-Lo sé y no sabes cuanto lo siento. Tenía miedo, ¿vale? Miedo a enamorarme de la persona que más odio. Y por mucho que quería negarlo, mi corazón… no podía.
-Nos llevamos como el gato y el ratón-añadió. No iba a dar su brazo a torcer así como así.
-Pero como ya te he dicho, el gato se ha enamorado del ratón.
-¿Por qué tengo que ser yo el ratón?-preguntó Eva tras un silencio.
-¿Quién ha dicho que yo me he enamorado de ti?
-Has sido tú quien ha cruzao el atlántico para decirme esto.
-Ya pero, has sido tú quien se iba a escapar de su boda.
-Eso no dice que te quiera.
Todos resoplaron al ver que, después de lo que acababa de decir Bill tan bonito, acabaran discutiendo.
-¿La vas a besar o qué?-preguntó el padre, inquieto.
-Como usted mande-a Eva no le dio tiempo a abrir los ojos al escuchar lo que dijo su padre. Bill la cogió de la cintura y la atrajo hacia él juntando sus labios quedando en un beso deseado.
-Ese es mi hermano-gritó Tom aplaudiendo, y acto seguido, lo imitó pero con Claire.
-Eres más tonto-susurró Eva, al separarse.
-Anda que tú-rió.
-Te quiero-le besó.
-Yo también.
La iglesia entera festejó el beso de Eva con Bill como si se hubiese casado con Roberto.
-Un momento-los interrumpió el padre-. ¿Qué pasará con Roberto?
-No te preocupes por mí-sonrió. Se fue corriendo, todos le siguieron con la mirada y se sorprendieron al ver que cogió a la hermana pequeña de Eva y la besó.
-No puede ser-dijeron a la vez la madre, el padre y Eva-. ¿Desde cuándo?-preguntó el padre cuando se acercaron tímidos.
-Desde hace mucho ya, papá-dijo sonrojada entrelazando su mano con la de él.
-Me lo podrías haber dicho y así casarte tú con él. Eva, dale tú vestido.
-Papá, ¿por qué no te dejas de bodas?-dijo sin apartarse de Bill.
-Es que, quería veros casadas antes de que me vaya…-se abrazó a su mujer.
-Alégrese-dijo Bill-. Veo que a usted le queda mucha vida por delante-sonrió.
-A ti no-borró de inmediato la sonrisa-. Me has echo gastar mucho dinero en esta boda-se la paró el corazón y tragó saliva-. Es broma-soltó una carcajada y todos le acompañaron.
-Oye-dijo Eva-. ¿Tú hermano y Claire se están besando?-frunció el ceño.
-Ah, sí. Los pillé-rio.
-Y por eso has venido a buscarme-se separó de él-. Como ya no la tenías a ella…
-¿En serio?
-No. Era broma-rieron.
Bill la cogió de las manos, las besó y después posó sus labios encima de los de ella haciendo que esta historia, llegue a su fin.
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Capítulo 23.
Tan solo quedaba por meter una pequeña maleta en el maletero de aquel taxi que le llevarían al aeropuerto. Eva se dio media vuelta, nostálgica recordó todo lo que había pasado en aquel campus que estaba frente a ella; llegó a reír tanto…
-Podemos irnos-el chico puso su mano en el hombro de ella.
Respiró hondo y lo miró asintiendo con la cabeza. Después de echarle un último vistazo, se metió en el coche cogida de la mano de Roberto.
-Adiós-murmuró cuando el campus se quedaba atrás.
***
-Bill-Claire entró de golpe y Tom se asustó-. Perdona, pensé que estaría aquí-fue a cerrar la puerta.
-Espera-se levanto y fue hacia ella que la notaba preocupada-. ¿Te ocurre algo?-se interesó.
Claire puso un pie dentro de la habitación.
-No-se encogió de hombros-, solo que, ya echo de menos a Eva-esbozó una media sonrisa.
-¿Por qué?-frunció el ceño. Él no sabía nada.
-Vaya, pensé que te lo habría comentado Bill… Pasa que Eva se ha ido a México, se va a casar…-bajó la mirada.
-¿En serio?-abrió mucho los ojos-. No tenía ni idea-apuntó-. Me hubiera gustado despedirme de ella-confesó y Claire le sonrió.
La chica se sentía incómoda alli con él ya que la última vez que estuvieron juntos… Sacudió la cabeza.
-Bueno, cuando veas a Bill dile que vaya a verme-hizo ademán de irse.
-Espera-la volvió a retener.
Claire le miró a los ojos, esperando a que siguiera hablando pero éste solo se quedó como ella, intercambiaron miradas.
Claire rezó para que no le dijese nada de lo ocurrido el sábado.
-No…¿no me vas a decir nada del sábado?-sonrió, pícaro. Claire cerró los ojos y se puso algo nerviosa.
-¿Del sábado?-repitió como si no supiese nada de lo que hablaba.
-Vamos Claire, me acuerdo yo que no estaba muy bien y, ¿tú no?-frunció el ceño. Claire negó con la cabeza-. No me lo creo-se cruzó de brazos, achinando la mirada.
Claire se maldijo a sí misma y le volvieron a venir los recuerdos…
-Estás borracho-murmuró con una sonrisa. En el fondo le gustó escuchar aquello, por eso, no se apartó cuando Tom colocó sus manos en sus mejillas acercando sus labios a los suyos. Aquello, le gustó aún más.
Tom se puso bien ya que estaba incómodo en esa postura, bajó sus manos de las mejillas de Claire para colocarlas en su cintura y así empujarla para apoyarla en la pared; ahora fue Claire quien colocó sus manos en el rostro de Tom reteniéndole para que no se despegara de sus labios.
Desde su cintura hasta sus piernas; desde sus piernas hasta su trasero; sus manos no podían estar quietas y en un acto reflejo, la cogió en peso sin desencajar su boca de la suya.
Con sus manos, Claire le obligó a que besara su cuello. Soltó un gemido y a Tom le encantó escuchar aquello. Pero, ya estaba bien por hoy.
Aunque se lo estaba pasando de muerte, Tom se sentía mareado y tuvo que parar; Claire estiró las piernas y Tom la soltó suavemente.
Mientras Tom se apoyaba en la pared tratando de que le cabeza no le diera más vueltas, Claire se colocó bien el pelo y su vestido.
-Bueno-comenzó a decir ella, Tom subió la vista para encontrarse con la de ella-, como veo que estás bien… me voy-y muy recta ella, se marchó dejándole allí parado.
Claire volvió al presente mordiéndose su labio inferior, por lo que a Tom respecta, Claire sabía muy bien de lo que estaba hablando por el gesto que acababa de hacer. Sonrió divertido. Aquella sonrisa no le gustó demasiado a Claire…
***
“¿Dónde está Tom?” pensaba Bill, inquieto al ver que se encontraba solo en la clase del profesor Arnold. Dirigió la vista a la primera fila y Eva, tampoco se encontraba.
-Comencemos-dijo Arnold colocando su maletín en la mesa.
Bill dejó de preocuparse y sacó un bolígrafo y su cuaderno para tomar apuntes. El profesor abrió la boca para dar la lección, pero le interrumpieron.
-Lo siento Arnold-Bill reconoció aquella voz y desvió su mirada hacia la puerta donde se encontraba parte del profesor Frank asomado.
-¿Si, Frank?-dijo entre dientes mirándole por el rabillo del ojo.
-Me urge llevarme a Bill.
-¿Yo?-preguntó extrañado.
-Sí, es… importante-dijo en un tono sereno.
-De acuerdo Bill, acompaña a Frank-dijo a regañadientes.
Aún extrañado, Bill recogió sus cosas para meterlas en su mochila y dirigirse hacia Frank bajo la mirada de la clase.
-¿Qué quieres?-preguntó con el ceño fruncido cuando ya estaban fuera.
-Pasemos a mi despacho.
-De que se trata-paró y se cruzó de brazos mirándolo interrogativo.
-De Eva-dijo tras un suspiro. Bill bufó dejando caer sus brazos.
-No quiero hablar de ella-apuntó.
-Me gustaría que me explicaras porque ese comportamiento con ella, ¿qué te ha echo?-frunció el ceño.
-¿Y a ti qué te importa?-subió el tono.
Frank quedó callado ante la reacción de Bill.
-Está bien, pretendía ayudar. Siento molestarte-le señaló a su clase para que volviese.
-Vale, perdona-chasqueó la lengua-. ¿Quieres hablar? Hablemos-y dicho esto caminó hacia el despacho de Frank.
Una vez allí no hizo falta que Frank le ofreciera asiento, él ya se había acomodado.
-Qué quieres saber-preguntó aburrido.
-Yo tenía entendido que eres amigo de Eva.
-Pues ya no-se inclinó hacia él-. No me voy con personas que están toda la vida quejándose de todo y cuando tiene que hacerlo no lo hace.
-Te refieres a la boda, ¿verdad?-Bill asintió, apretando los dientes-. Pero bueno Bill, eso es asunto de ella. ¿Por qué estás tan empeñado en ese tema?
-¿Qué insinúas? ¿Qué me gusta?-enarcó una ceja y después rió-. Mira no se que te ha dicho ella pero nunca me ha gustado y me gustará, es muy opuesta a mí.
-¿Sabes qué lo opuesto se atrae?
-¡Shh! No-negó con la cabeza-. Nuestro caso es especial, ella es tonta yo no, a ella le gusta el pop pues a mí me gusta el rock; no tenemos nada en común y siempre será así.
-¿Te has dado cuenta que te crees tus mentiras?
-¿Qué insinúas? ¿Qué me invento todo esto por qué no quiero darme cuenta que la quiero?-soltó una carcajada fuerte. Se levantó y nervioso abrió la puerta-. Me voy de aquí, estoy arto de sus insinuaciones. Buenas tardes-cerró la puerta y cansado, Frank suspiró-. ¿Pues sabe qué?-entró ocupando el sitio de antes-. Ha acertado-Frank puso los ojos en blanco-, porque esa niña es idiota y la conozco desde yo que sé pero siempre la he observado y ella ni se da cuenta y, ¿por qué lo hacía?, pues ni idea. A sí, ¡por qué me gustaba! Pero claro, ella prefería ignorarme y ganarme en todo y no me dejó otra que meterme con ella. Entonces llegó el día en el que nos quedamos encerrados y hacemos las paces y es cuando me doy cuenta de que si antes me gustaba ahora todavía más pero cosa que no puedo permitir porque la odio, la odio y la odio. He estado haciendo todos estos años el idiota, comportándome como un niño pequeño que le tira de la coleta a la niña en señal de que la quiere y, ¿ella qué hace?-se puso en pie apoyándose en la pared-, ayudar a ligarme a su mejor amiga para que ella se case y no pueda hacer nada para impedirlo…-murmuró.
-Ves como no es tan difícil desahogarse-se puso en pie para ir donde él.
-¡Pero te das cuenta qué la quiero qué le he dicho de todo y la quiero y se va a casar!-lo cogió por los hombros-. ¡¿Pero puedo llegar a ser más imbécil?!-colocó sus manos en su cabeza.
-Aún estás a tiempo, quizás no se haya ido todavía.
-¿Y qué le digo?-preguntó aterrado-. Después de lo que le he dicho lo más bonito que me dirá es que me vaya a la mismísima mierda.
-Pero bueno, dile todo lo que me has dicho a mí-le dio una pequeña colleja.
-Es verdad, me voy antes de que sea tarde-se fue corriendo y entró al segundo-. Perdona, me he dejado mis cosas-las cogió y volvió a marcharse para al segundo volver a entrar-. No me extraña que Eva le besara, si es que es buenísimo, yo también le besaría para darle las gra…
-¡Bill!
-Está bien, adiós-esta vez si se fue y Frank agachó la cabeza sacudiéndola-. Esta juventud-murmuró.
Bill corrió todo lo que pudo, con una enorme sonrisa en su rostro, después de todo le iría a confesar sus sentimientos a la chica que quería, que de verdad quería.
-¿A dónde vas Bill?-Georg le paró de frente junto a Gustav.
-Ahora no puedo. Georg, Gustav. Quiero a Eva. La quiero y estoy perdiendo el tiempo con vosotros.
-¿Pues a qué esperas para marcharte?-le dijo Gustav empujándolo.
-Corre como el viento Bill, corre como te he enseñado-gritaba Georg cuando se marchaba.
-Eso, ¿a qué ha venido?-Gustav enarcó una ceja y su amigo se encogió de hombros.
No tenía tiempo que perder, de la prisa que tenía se había equivocado de facultad y corrió aún más.
-¡Eva!-llegó a su puerta y apoyándose con un brazo descansaba mientras que con la otra llamaba-. Eva… por favor…abre-jadeaba.
Pero nadie abría. Cerró su puño y dio un golpe en la pared.
-Donde estarás-susurró.
Decaído, se marchó a su habitación. Con un poco de suerte Eva estaría con Tom ya que se llevaban mejor ahora.
Sin darle más vueltas, abrió la puerta rápidamente. No vio nada, solo a dos personas liándose…¡¿Liándose?!
-Disculpad-sonrió nervioso-. Tenía que haber llamado-cerró la puerta-. Un momento-la volvió a abrir, incrédulo.
-Bill te lo puedo explicar.
A Bill casi se le desencaja su mandíbula, no se lo podía creer.
-Mi hermano-susurró, achinando la mirada y señalándoles a ambos-, y mi novia…¿¡Cómo…!?
Tom y Claire retrocedieron, pensando que lo que iba a decir Bill iría a ser peor que un golpe.
-Que sepas que se lo diré a mamá y tú Claire, hemos roto-se cruzó de brazos y los otros suspiraron aliviados.
-¿Ya está?-Tom alzó las manos.
-¿Ese es… tú enfado?-Claire enarcó una ceja.
-¿Queréis más? Pues a mi no me hableis, ninguno-y se fue de la habitación pero pronto recordó a Eva-. Espera Claire-entró sin mirarla a la cara, tapándose los ojos-. No os quiero volver a ver pero quiero saber una cosa, ¿dónde está Eva?
-En México.
-¿¡Qué!?-gritó dejando caer sus brazos.
-¿Para qué la quieres?-preguntó ella.
-Para la única razón por la cual no os he abofeatado, para decirle que la quiero.
-Pero si eso es súpero bonito.
-Lo sé, pero, ¿sabes qué no es bonito? Que mi hermano se lie con mi novia.
-Vamos Bill-Tom chasqueó la lengua.
-Volviendo al tema, ¿ahora qué hago? Está todo perdido-se tiró a su cama a abrazar a su almohada-. Marchaos, hoy ha sido el peor día de mi vida, quiero estar solo…
-No todo está perdido-dijo Claire-. ¿Habéis ido a México?-sonrió divertida.
-Continúa-Bill la miró interesado.
-Podemos irnos-el chico puso su mano en el hombro de ella.
Respiró hondo y lo miró asintiendo con la cabeza. Después de echarle un último vistazo, se metió en el coche cogida de la mano de Roberto.
-Adiós-murmuró cuando el campus se quedaba atrás.
***
-Bill-Claire entró de golpe y Tom se asustó-. Perdona, pensé que estaría aquí-fue a cerrar la puerta.
-Espera-se levanto y fue hacia ella que la notaba preocupada-. ¿Te ocurre algo?-se interesó.
Claire puso un pie dentro de la habitación.
-No-se encogió de hombros-, solo que, ya echo de menos a Eva-esbozó una media sonrisa.
-¿Por qué?-frunció el ceño. Él no sabía nada.
-Vaya, pensé que te lo habría comentado Bill… Pasa que Eva se ha ido a México, se va a casar…-bajó la mirada.
-¿En serio?-abrió mucho los ojos-. No tenía ni idea-apuntó-. Me hubiera gustado despedirme de ella-confesó y Claire le sonrió.
La chica se sentía incómoda alli con él ya que la última vez que estuvieron juntos… Sacudió la cabeza.
-Bueno, cuando veas a Bill dile que vaya a verme-hizo ademán de irse.
-Espera-la volvió a retener.
Claire le miró a los ojos, esperando a que siguiera hablando pero éste solo se quedó como ella, intercambiaron miradas.
Claire rezó para que no le dijese nada de lo ocurrido el sábado.
-No…¿no me vas a decir nada del sábado?-sonrió, pícaro. Claire cerró los ojos y se puso algo nerviosa.
-¿Del sábado?-repitió como si no supiese nada de lo que hablaba.
-Vamos Claire, me acuerdo yo que no estaba muy bien y, ¿tú no?-frunció el ceño. Claire negó con la cabeza-. No me lo creo-se cruzó de brazos, achinando la mirada.
Claire se maldijo a sí misma y le volvieron a venir los recuerdos…
-Estás borracho-murmuró con una sonrisa. En el fondo le gustó escuchar aquello, por eso, no se apartó cuando Tom colocó sus manos en sus mejillas acercando sus labios a los suyos. Aquello, le gustó aún más.
Tom se puso bien ya que estaba incómodo en esa postura, bajó sus manos de las mejillas de Claire para colocarlas en su cintura y así empujarla para apoyarla en la pared; ahora fue Claire quien colocó sus manos en el rostro de Tom reteniéndole para que no se despegara de sus labios.
Desde su cintura hasta sus piernas; desde sus piernas hasta su trasero; sus manos no podían estar quietas y en un acto reflejo, la cogió en peso sin desencajar su boca de la suya.
Con sus manos, Claire le obligó a que besara su cuello. Soltó un gemido y a Tom le encantó escuchar aquello. Pero, ya estaba bien por hoy.
Aunque se lo estaba pasando de muerte, Tom se sentía mareado y tuvo que parar; Claire estiró las piernas y Tom la soltó suavemente.
Mientras Tom se apoyaba en la pared tratando de que le cabeza no le diera más vueltas, Claire se colocó bien el pelo y su vestido.
-Bueno-comenzó a decir ella, Tom subió la vista para encontrarse con la de ella-, como veo que estás bien… me voy-y muy recta ella, se marchó dejándole allí parado.
Claire volvió al presente mordiéndose su labio inferior, por lo que a Tom respecta, Claire sabía muy bien de lo que estaba hablando por el gesto que acababa de hacer. Sonrió divertido. Aquella sonrisa no le gustó demasiado a Claire…
***
“¿Dónde está Tom?” pensaba Bill, inquieto al ver que se encontraba solo en la clase del profesor Arnold. Dirigió la vista a la primera fila y Eva, tampoco se encontraba.
-Comencemos-dijo Arnold colocando su maletín en la mesa.
Bill dejó de preocuparse y sacó un bolígrafo y su cuaderno para tomar apuntes. El profesor abrió la boca para dar la lección, pero le interrumpieron.
-Lo siento Arnold-Bill reconoció aquella voz y desvió su mirada hacia la puerta donde se encontraba parte del profesor Frank asomado.
-¿Si, Frank?-dijo entre dientes mirándole por el rabillo del ojo.
-Me urge llevarme a Bill.
-¿Yo?-preguntó extrañado.
-Sí, es… importante-dijo en un tono sereno.
-De acuerdo Bill, acompaña a Frank-dijo a regañadientes.
Aún extrañado, Bill recogió sus cosas para meterlas en su mochila y dirigirse hacia Frank bajo la mirada de la clase.
-¿Qué quieres?-preguntó con el ceño fruncido cuando ya estaban fuera.
-Pasemos a mi despacho.
-De que se trata-paró y se cruzó de brazos mirándolo interrogativo.
-De Eva-dijo tras un suspiro. Bill bufó dejando caer sus brazos.
-No quiero hablar de ella-apuntó.
-Me gustaría que me explicaras porque ese comportamiento con ella, ¿qué te ha echo?-frunció el ceño.
-¿Y a ti qué te importa?-subió el tono.
Frank quedó callado ante la reacción de Bill.
-Está bien, pretendía ayudar. Siento molestarte-le señaló a su clase para que volviese.
-Vale, perdona-chasqueó la lengua-. ¿Quieres hablar? Hablemos-y dicho esto caminó hacia el despacho de Frank.
Una vez allí no hizo falta que Frank le ofreciera asiento, él ya se había acomodado.
-Qué quieres saber-preguntó aburrido.
-Yo tenía entendido que eres amigo de Eva.
-Pues ya no-se inclinó hacia él-. No me voy con personas que están toda la vida quejándose de todo y cuando tiene que hacerlo no lo hace.
-Te refieres a la boda, ¿verdad?-Bill asintió, apretando los dientes-. Pero bueno Bill, eso es asunto de ella. ¿Por qué estás tan empeñado en ese tema?
-¿Qué insinúas? ¿Qué me gusta?-enarcó una ceja y después rió-. Mira no se que te ha dicho ella pero nunca me ha gustado y me gustará, es muy opuesta a mí.
-¿Sabes qué lo opuesto se atrae?
-¡Shh! No-negó con la cabeza-. Nuestro caso es especial, ella es tonta yo no, a ella le gusta el pop pues a mí me gusta el rock; no tenemos nada en común y siempre será así.
-¿Te has dado cuenta que te crees tus mentiras?
-¿Qué insinúas? ¿Qué me invento todo esto por qué no quiero darme cuenta que la quiero?-soltó una carcajada fuerte. Se levantó y nervioso abrió la puerta-. Me voy de aquí, estoy arto de sus insinuaciones. Buenas tardes-cerró la puerta y cansado, Frank suspiró-. ¿Pues sabe qué?-entró ocupando el sitio de antes-. Ha acertado-Frank puso los ojos en blanco-, porque esa niña es idiota y la conozco desde yo que sé pero siempre la he observado y ella ni se da cuenta y, ¿por qué lo hacía?, pues ni idea. A sí, ¡por qué me gustaba! Pero claro, ella prefería ignorarme y ganarme en todo y no me dejó otra que meterme con ella. Entonces llegó el día en el que nos quedamos encerrados y hacemos las paces y es cuando me doy cuenta de que si antes me gustaba ahora todavía más pero cosa que no puedo permitir porque la odio, la odio y la odio. He estado haciendo todos estos años el idiota, comportándome como un niño pequeño que le tira de la coleta a la niña en señal de que la quiere y, ¿ella qué hace?-se puso en pie apoyándose en la pared-, ayudar a ligarme a su mejor amiga para que ella se case y no pueda hacer nada para impedirlo…-murmuró.
-Ves como no es tan difícil desahogarse-se puso en pie para ir donde él.
-¡Pero te das cuenta qué la quiero qué le he dicho de todo y la quiero y se va a casar!-lo cogió por los hombros-. ¡¿Pero puedo llegar a ser más imbécil?!-colocó sus manos en su cabeza.
-Aún estás a tiempo, quizás no se haya ido todavía.
-¿Y qué le digo?-preguntó aterrado-. Después de lo que le he dicho lo más bonito que me dirá es que me vaya a la mismísima mierda.
-Pero bueno, dile todo lo que me has dicho a mí-le dio una pequeña colleja.
-Es verdad, me voy antes de que sea tarde-se fue corriendo y entró al segundo-. Perdona, me he dejado mis cosas-las cogió y volvió a marcharse para al segundo volver a entrar-. No me extraña que Eva le besara, si es que es buenísimo, yo también le besaría para darle las gra…
-¡Bill!
-Está bien, adiós-esta vez si se fue y Frank agachó la cabeza sacudiéndola-. Esta juventud-murmuró.
Bill corrió todo lo que pudo, con una enorme sonrisa en su rostro, después de todo le iría a confesar sus sentimientos a la chica que quería, que de verdad quería.
-¿A dónde vas Bill?-Georg le paró de frente junto a Gustav.
-Ahora no puedo. Georg, Gustav. Quiero a Eva. La quiero y estoy perdiendo el tiempo con vosotros.
-¿Pues a qué esperas para marcharte?-le dijo Gustav empujándolo.
-Corre como el viento Bill, corre como te he enseñado-gritaba Georg cuando se marchaba.
-Eso, ¿a qué ha venido?-Gustav enarcó una ceja y su amigo se encogió de hombros.
No tenía tiempo que perder, de la prisa que tenía se había equivocado de facultad y corrió aún más.
-¡Eva!-llegó a su puerta y apoyándose con un brazo descansaba mientras que con la otra llamaba-. Eva… por favor…abre-jadeaba.
Pero nadie abría. Cerró su puño y dio un golpe en la pared.
-Donde estarás-susurró.
Decaído, se marchó a su habitación. Con un poco de suerte Eva estaría con Tom ya que se llevaban mejor ahora.
Sin darle más vueltas, abrió la puerta rápidamente. No vio nada, solo a dos personas liándose…¡¿Liándose?!
-Disculpad-sonrió nervioso-. Tenía que haber llamado-cerró la puerta-. Un momento-la volvió a abrir, incrédulo.
-Bill te lo puedo explicar.
A Bill casi se le desencaja su mandíbula, no se lo podía creer.
-Mi hermano-susurró, achinando la mirada y señalándoles a ambos-, y mi novia…¿¡Cómo…!?
Tom y Claire retrocedieron, pensando que lo que iba a decir Bill iría a ser peor que un golpe.
-Que sepas que se lo diré a mamá y tú Claire, hemos roto-se cruzó de brazos y los otros suspiraron aliviados.
-¿Ya está?-Tom alzó las manos.
-¿Ese es… tú enfado?-Claire enarcó una ceja.
-¿Queréis más? Pues a mi no me hableis, ninguno-y se fue de la habitación pero pronto recordó a Eva-. Espera Claire-entró sin mirarla a la cara, tapándose los ojos-. No os quiero volver a ver pero quiero saber una cosa, ¿dónde está Eva?
-En México.
-¿¡Qué!?-gritó dejando caer sus brazos.
-¿Para qué la quieres?-preguntó ella.
-Para la única razón por la cual no os he abofeatado, para decirle que la quiero.
-Pero si eso es súpero bonito.
-Lo sé, pero, ¿sabes qué no es bonito? Que mi hermano se lie con mi novia.
-Vamos Bill-Tom chasqueó la lengua.
-Volviendo al tema, ¿ahora qué hago? Está todo perdido-se tiró a su cama a abrazar a su almohada-. Marchaos, hoy ha sido el peor día de mi vida, quiero estar solo…
-No todo está perdido-dijo Claire-. ¿Habéis ido a México?-sonrió divertida.
-Continúa-Bill la miró interesado.
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sábado, 27 de marzo de 2010
Capítulo 22.
Y finalmente el domingo pasó lento para todos los que estaban de resaca; era increíble pero durante estos últimos días resplandecía bastante el solo. Eso era buena señal para estar alegres, según Eva.
Estaba deseando ir a su primera clase, para encontrarse con Bill; quizás, hablarían de lo que estuvo a punto de pasar según le había contado Roberto…
Durante la trayectoría, Eva no paraba de escuchar cosas como “en la fiesta estuviste genial” o “¿cuándo me enseñaras a bailar así?”. Cosa que hacía que se pusiera muy, muy colorada. Claire tenía razón, ahora todo el campus hablaría de ella, pero para bien, y eso le gustaba mucho.
Al llegar a clase vio que Bill estaba sentado junto a su hermano hablando tranquillamente. Respiró hondo y con una sonrisa en su rostro se acercó a ellos.
-¿Qué tal chicos?-Bill estaba de espaldas y al escucharla el corazón le dio un vuelco que lo ignoró rápidamente y no se molestó en mirarla, tan solo le dedicó una mirada de ayuda a su hermano.
-Eva-en cambio, a Tom si le alegró en parte verla-. ¿Cómo estás?
-Muy bien-asintió con la cabeza-. ¿Y tú Bill?-dijo finalmente.
Bill entrecerró los ojos y se inventó una excusa.
-Eva-dijo aburrido dándose la vuelta-. Ve pensando en donde ponerme ahora, ya que no tenemos que espiar a Frank-Eva se dio cuenta del tono de su voz y supo que algo no iba del todo bien.
Miró a Tom y éste enarcó sus cejas para después mirar a otro sitio.
-Claro-tartamudeó y bajó la mirada-. Como quieras…-sentía que ahí no pintaba nada y se sentó en la primera fila, sola.
Tom no comentó nada porque aunque no le gustara aquello, sabía que había sido él quien le dio la idea a su hermano.
-Viene de nuevo-le avisó Tom al ver que Eva no muy contenta volvía hacia ellos.
-Te pondrás con tú hermano.
-De acuerdo-volvió a decirlo aburrido sin mirarla a la cara.
A Eva le entró muchísimo coraje y se fue de allí apretando sus puños.
Desde ese lunes, no volvieron a hablar más. Martes, miércoles y jueves; Bill pasaba completamente de ella y aunque a ella le doliera no pensaba ir trás él. Su madre la llamó días atrás y le comunicó que solo faltaban los novios para que todo se realizara y desde ese día, tenía algo en el estómago que iba a cobrar vida…
En la tarde del jueves, Eva fue a comunicarle al director su situación y que aunque le doliera muchísimo, tendría que dejar las clases. Por supuesto, el director no dudó en abrirle sus puertas siempre que quisiera volver a lo que ella, agradeció muchísimo.
Mientras tanto, en la habitación de ésta…
-Eva me ha comentado que pasas de ella, quería que te preguntara, ¿por qué?
Bill se encogió de hombros y por un momento dejó la mirada perdida pensando en que contestarle.
-Verás…-sin dejar de tener su mano entrelazada con la de la chica se puso en pie-… me molestó que se pusiera así la otra noche. No me gustó verla así y, me molestó bastante-dijo lo primero que se le ocurrió.
-Mmmm, de acuerdo. Se lo diré-asintió con la cabeza-. No estaría mal que te hablaras con ella-se puso a su nivel-, dentro de poco se irá-le dolió escuchar aquello y tragó saliva.
-Oh-murmuró.
Giraron la cabeza al escuchar la puerta abrirse.
-Perdonad-Eva retrocedió. Bill apartó la mirada-. Pensaba que no había nadie, ya me voy.
-No-saltó mirando a Claire-, yo ya me iba-la besó y Eva ignoró aquello-. Ya nos veremos-cogió sus cosas y se dirigió a la puerta.
Le dolió tanto que pasara por su lado y que ni le dirigiera la mirada, ni un simple adiós, ni una simple mirada de repugnancia de las de antes. Nada… absolutamente nada… Eva cerró fuertemente los ojos al sentir la puerta cerrarse tras de él.
-No me gusta veros así-apuntó Claire-, pero ya sé la razón. Me ha dicho que le molestó verte así de bebida.
-Ah-suspiró de alivió. Pensaba que podía llegar a ser otra cosa peor-. Pues, será mejor que vaya a pedirle disculpas-Claire asintió y Eva fue corriendo trás él.
Lo vio irse por su derecha.
-Bill-lo había escuchado perfectamente pero como sabía que provenía de ella tenía que ignorarla y aceleró su paso-. Bill-lo alcanzó y lo agarró del brazo dándole la vuelta para que la mirase.
-Que quieres-evitaba cualquier cruce con su mirada.
-Quería pedirte, disculpas-agachó la mirada, sonrojada-. Sé que te molestó como me puse el sábado.
-¿Sabes lo qué me molesta?-la interrumpió. Eva puso los ojos en blanco esperando a que continuara-. Que alguien como tú que protestas por todo no seas capaz de decir que no te quieres casar con Roberto-su tono de voz era una mezcla de dolor con rabia, tirando más a rabia.
-¿Cómo…?-solo pudo decir eso, incrédula-. No eres nadie para hablarme así-le tembló la voz-. Además-se enfureció-, has estado pasando de mí todos estos días, ¿qué te importa lo que vaya hacer con mi vida?-Bill no contestó, se iba a marchar en cualquier momento-. Porque si has pasado de mí será porque ya tienes a Claire y yo ya no te sirvo-se cruzó de brazos y luchó por no llorar frente a él.
Bill la miró incrédulo, “¿cómo puede pensar qué no me sirve?” pensó. Pero también pensó que, cuanto más lejos de ella… mejor.
-Sí-siseó-. Tienes toda la razón, solo hice las paces para esto y me ha salido genial-se mantuvo para seguir mintiendo y por lo que veía, iba bien. A Eva le cambió el rostro-. Te doy las gracias, sí, tengo que dártelas. Por eso, te deseo una buenísima boda y, envíame una postal desde tu luna de miel-hizo ademán de irse.
-Entonces, ¿por qué quisiste besarme?
Aquella pregunta le pilló por sorpresa.
-¿De qué vas? Jamás intentaría besarte, mírate. Te vas a casar con el primero que han pillado tus padres, porque sino…-resopló y sonrió. Lo más duro de todo aquello no era la lágrima que se le acababa de escapar a Eva sino que, Bill se estaba creyendo sus propias mentiras. Estaba tan cegado en que nunca podría estar enamorado de ella que llegó a lastimarla pero bien.
-Eres un idiota, engreído y anormal-dijo entre dientes.
-¿Algo más?-dijo en una risa floja-. Si vas a escribirme eso, mejor no me envies ninguna postal, ¿de acuerdo? Pásatelo bien-se dio media vuelta sin aires de preocupación, estaba claro que le importaba poco la reacción de ella.
Nunca le había gustado llorar en público, pero se encontraba tan mal que no era capaz de ir corriendo y esconderse para llorar. Apoyándose en la pared, enterró su rostro en sus manos, sollozando; ¿cómo podía estar enamorada de alguien tan cruel? No, jamás lo había creído de ese modo; vale que se hubiera pasado pero, ¿llegar a este ese punto? Era superior a sus fuerzas…
Cogiendo su teléfono móvil marcó el número de Roberto, al segundo toque ya lo había cogido.
-Roberto, necesito que vengas ya a por mí.
-¿Qué? Eva ya voy mañana.
-Pero necesito que vengas ya-gritó-. Por favor-le suplicó.
-¿Qué te ocurre?-se preocupó.
-Te lo contaré si vienes ya.
-De acuerdo-ladeó-. Estaré allí lo más pronto posible.
-Gracias-colgó y acto seguido se secó lás lágrimas respirando hondo.
-¿Te encuentras bien?-Eva miró a su lado derecho de donde provenía la voz. Eva no se lo pensó y después de mirarle unos segundos se abalanzó hacia Frank. Éste puso los ojos en blanco pero supo de enseguida que algo no iba bien con ella y que lo que necesitaba era apoyo, por eso le devolvió el abrazo.
-Gracias-se apartó de él. Frank metió su mano en el bolsillo y sacó un pañuelo para ofrecérselo-. Lo necesitaba.
-¿Me puedes contar qué te pasa?
Eva miró dubitativa el atractivo rostro del profesor.
-Sí, pero aquí no.
-De acuerdo, vayamos a mi despacho-apoyó su mano en su espalda y empezaron a andar.
***
Bill no supo donde ir después de su discusión con Eva; no tenía ganas de calentarse la cabeza, lo que había echo estaba echo por más que se arrepienta, cosa que no la veía del todo cierto. Él dijo esas cosas, ¿por qué echarse atrás ahora? No le veía explicación, por lo tanto no se iría a arrepentir.
Miró su reloj y ya llegaba tarde a su última clase del jueves. Corrió por los pasillos, pero paró en seco en cuanto vio salir al profesor Frank con Eva del despacho de éste. Se escondió para espiarlos; Frank parecía consolarla. “¿Encima?” gritó, incrédulo en su fuero interno. No veía bien que se hiciera la víctima porque lo tenía bastante fácil para decir un NO. Resopló dándose media vuelta y olvidándolo todo, absolutamente todo.
***
-Gracias, profesor-murmuró Eva.
-A ti querida-cogió sus manos-. Verás como todo irá bien-le guiñó un ojo y Eva se fue dedicándole antes una mirada de agradecimiento por haberla escuchado esa hora.
Fue directa a la habitación, había pasado más de una hora desde que llamó a Roberto y no tardaría mucho en aparecer por aquí.
-Claire, menos mal que te piyo…-decía, baja de ánimos al entrar a su habitación.
-¿Lo habéis solucionado tú y Bill?-preguntaba dando vueltas por toda la habitación, buscaba algo.
-Que va-bajó la mirada.
-¿No?-gritó, parándose para observarla-. No te preocupes ya hablo yo con el…-siguió buscando-. Aquí estás-dio un salto cuando encontró su carpeta-. Ahora tengo que irme a clase.
-Me voy a México, Roberto está al llegar-dijo en un hilo de voz.
Claire entre abrió la boca y se sentó, sorprendida y confusa.
-¿No era mañana?
-Cuanto antes mejor-se sentó a su lado.
Claire la miró un segundo, pasó su brazo por encima de sus hombros y la abrazó fuertemente.
-Todo irá bien-le susurró.
Eva iba a decir algo pero la interrumpieron tocando a la puerta.
-Está abierta-gritó Claire.
Esperaron atentas para ver a quien entraba.
-Hola-esbozó una media sonrisa jugando con el picaporte.
-Prepararé mis cosas-dijo a la vez que se levantaba.
Claire miraba a Roberto como se dirigió a ayudar a quien sería su esposa a preparar las maletas para dirigirse a un nuevo futuro.
-¿Vendréis a verme?-se puso en pie, cruzándose de brazos.
Roberto miró a Eva antes de decir nada.
-Sí, claro. ¿Qué iría hacer sin ver a la canija?-bromeó.
-Por supuesto que sí-Eva dio un paso hacia ella-. Que me vaya a…-le costaba decir aquella palabra-… casar no quiere decir que no pueda venir a verte. Y tú tienes que pasar las vacaciones allí-sus ojos se humedecieron y al verla así, corrió a abrazarla.
-Te voy a echar tanto de menos…-la besó en la mejilla.
-Yo también-se separó un poco de ella y secó con su mano las lágrimas que le caían a su mejor amiga.
-Basta, no soporto las despedidas-cogió sus cosas y abrió la puerta-. Deseo que os vaya lo mejor posible-le dedicó una última mirada a su amiga y se marchó.
-¿Me vas a contar por qué nos vamos hoy?-Eva se quitó el rastro de lágrimas girándose para ver a Roberto que pedía una explicación y ella, se la iba a dar como le había dicho.
Estaba deseando ir a su primera clase, para encontrarse con Bill; quizás, hablarían de lo que estuvo a punto de pasar según le había contado Roberto…
Durante la trayectoría, Eva no paraba de escuchar cosas como “en la fiesta estuviste genial” o “¿cuándo me enseñaras a bailar así?”. Cosa que hacía que se pusiera muy, muy colorada. Claire tenía razón, ahora todo el campus hablaría de ella, pero para bien, y eso le gustaba mucho.
Al llegar a clase vio que Bill estaba sentado junto a su hermano hablando tranquillamente. Respiró hondo y con una sonrisa en su rostro se acercó a ellos.
-¿Qué tal chicos?-Bill estaba de espaldas y al escucharla el corazón le dio un vuelco que lo ignoró rápidamente y no se molestó en mirarla, tan solo le dedicó una mirada de ayuda a su hermano.
-Eva-en cambio, a Tom si le alegró en parte verla-. ¿Cómo estás?
-Muy bien-asintió con la cabeza-. ¿Y tú Bill?-dijo finalmente.
Bill entrecerró los ojos y se inventó una excusa.
-Eva-dijo aburrido dándose la vuelta-. Ve pensando en donde ponerme ahora, ya que no tenemos que espiar a Frank-Eva se dio cuenta del tono de su voz y supo que algo no iba del todo bien.
Miró a Tom y éste enarcó sus cejas para después mirar a otro sitio.
-Claro-tartamudeó y bajó la mirada-. Como quieras…-sentía que ahí no pintaba nada y se sentó en la primera fila, sola.
Tom no comentó nada porque aunque no le gustara aquello, sabía que había sido él quien le dio la idea a su hermano.
-Viene de nuevo-le avisó Tom al ver que Eva no muy contenta volvía hacia ellos.
-Te pondrás con tú hermano.
-De acuerdo-volvió a decirlo aburrido sin mirarla a la cara.
A Eva le entró muchísimo coraje y se fue de allí apretando sus puños.
Desde ese lunes, no volvieron a hablar más. Martes, miércoles y jueves; Bill pasaba completamente de ella y aunque a ella le doliera no pensaba ir trás él. Su madre la llamó días atrás y le comunicó que solo faltaban los novios para que todo se realizara y desde ese día, tenía algo en el estómago que iba a cobrar vida…
En la tarde del jueves, Eva fue a comunicarle al director su situación y que aunque le doliera muchísimo, tendría que dejar las clases. Por supuesto, el director no dudó en abrirle sus puertas siempre que quisiera volver a lo que ella, agradeció muchísimo.
Mientras tanto, en la habitación de ésta…
-Eva me ha comentado que pasas de ella, quería que te preguntara, ¿por qué?
Bill se encogió de hombros y por un momento dejó la mirada perdida pensando en que contestarle.
-Verás…-sin dejar de tener su mano entrelazada con la de la chica se puso en pie-… me molestó que se pusiera así la otra noche. No me gustó verla así y, me molestó bastante-dijo lo primero que se le ocurrió.
-Mmmm, de acuerdo. Se lo diré-asintió con la cabeza-. No estaría mal que te hablaras con ella-se puso a su nivel-, dentro de poco se irá-le dolió escuchar aquello y tragó saliva.
-Oh-murmuró.
Giraron la cabeza al escuchar la puerta abrirse.
-Perdonad-Eva retrocedió. Bill apartó la mirada-. Pensaba que no había nadie, ya me voy.
-No-saltó mirando a Claire-, yo ya me iba-la besó y Eva ignoró aquello-. Ya nos veremos-cogió sus cosas y se dirigió a la puerta.
Le dolió tanto que pasara por su lado y que ni le dirigiera la mirada, ni un simple adiós, ni una simple mirada de repugnancia de las de antes. Nada… absolutamente nada… Eva cerró fuertemente los ojos al sentir la puerta cerrarse tras de él.
-No me gusta veros así-apuntó Claire-, pero ya sé la razón. Me ha dicho que le molestó verte así de bebida.
-Ah-suspiró de alivió. Pensaba que podía llegar a ser otra cosa peor-. Pues, será mejor que vaya a pedirle disculpas-Claire asintió y Eva fue corriendo trás él.
Lo vio irse por su derecha.
-Bill-lo había escuchado perfectamente pero como sabía que provenía de ella tenía que ignorarla y aceleró su paso-. Bill-lo alcanzó y lo agarró del brazo dándole la vuelta para que la mirase.
-Que quieres-evitaba cualquier cruce con su mirada.
-Quería pedirte, disculpas-agachó la mirada, sonrojada-. Sé que te molestó como me puse el sábado.
-¿Sabes lo qué me molesta?-la interrumpió. Eva puso los ojos en blanco esperando a que continuara-. Que alguien como tú que protestas por todo no seas capaz de decir que no te quieres casar con Roberto-su tono de voz era una mezcla de dolor con rabia, tirando más a rabia.
-¿Cómo…?-solo pudo decir eso, incrédula-. No eres nadie para hablarme así-le tembló la voz-. Además-se enfureció-, has estado pasando de mí todos estos días, ¿qué te importa lo que vaya hacer con mi vida?-Bill no contestó, se iba a marchar en cualquier momento-. Porque si has pasado de mí será porque ya tienes a Claire y yo ya no te sirvo-se cruzó de brazos y luchó por no llorar frente a él.
Bill la miró incrédulo, “¿cómo puede pensar qué no me sirve?” pensó. Pero también pensó que, cuanto más lejos de ella… mejor.
-Sí-siseó-. Tienes toda la razón, solo hice las paces para esto y me ha salido genial-se mantuvo para seguir mintiendo y por lo que veía, iba bien. A Eva le cambió el rostro-. Te doy las gracias, sí, tengo que dártelas. Por eso, te deseo una buenísima boda y, envíame una postal desde tu luna de miel-hizo ademán de irse.
-Entonces, ¿por qué quisiste besarme?
Aquella pregunta le pilló por sorpresa.
-¿De qué vas? Jamás intentaría besarte, mírate. Te vas a casar con el primero que han pillado tus padres, porque sino…-resopló y sonrió. Lo más duro de todo aquello no era la lágrima que se le acababa de escapar a Eva sino que, Bill se estaba creyendo sus propias mentiras. Estaba tan cegado en que nunca podría estar enamorado de ella que llegó a lastimarla pero bien.
-Eres un idiota, engreído y anormal-dijo entre dientes.
-¿Algo más?-dijo en una risa floja-. Si vas a escribirme eso, mejor no me envies ninguna postal, ¿de acuerdo? Pásatelo bien-se dio media vuelta sin aires de preocupación, estaba claro que le importaba poco la reacción de ella.
Nunca le había gustado llorar en público, pero se encontraba tan mal que no era capaz de ir corriendo y esconderse para llorar. Apoyándose en la pared, enterró su rostro en sus manos, sollozando; ¿cómo podía estar enamorada de alguien tan cruel? No, jamás lo había creído de ese modo; vale que se hubiera pasado pero, ¿llegar a este ese punto? Era superior a sus fuerzas…
Cogiendo su teléfono móvil marcó el número de Roberto, al segundo toque ya lo había cogido.
-Roberto, necesito que vengas ya a por mí.
-¿Qué? Eva ya voy mañana.
-Pero necesito que vengas ya-gritó-. Por favor-le suplicó.
-¿Qué te ocurre?-se preocupó.
-Te lo contaré si vienes ya.
-De acuerdo-ladeó-. Estaré allí lo más pronto posible.
-Gracias-colgó y acto seguido se secó lás lágrimas respirando hondo.
-¿Te encuentras bien?-Eva miró a su lado derecho de donde provenía la voz. Eva no se lo pensó y después de mirarle unos segundos se abalanzó hacia Frank. Éste puso los ojos en blanco pero supo de enseguida que algo no iba bien con ella y que lo que necesitaba era apoyo, por eso le devolvió el abrazo.
-Gracias-se apartó de él. Frank metió su mano en el bolsillo y sacó un pañuelo para ofrecérselo-. Lo necesitaba.
-¿Me puedes contar qué te pasa?
Eva miró dubitativa el atractivo rostro del profesor.
-Sí, pero aquí no.
-De acuerdo, vayamos a mi despacho-apoyó su mano en su espalda y empezaron a andar.
***
Bill no supo donde ir después de su discusión con Eva; no tenía ganas de calentarse la cabeza, lo que había echo estaba echo por más que se arrepienta, cosa que no la veía del todo cierto. Él dijo esas cosas, ¿por qué echarse atrás ahora? No le veía explicación, por lo tanto no se iría a arrepentir.
Miró su reloj y ya llegaba tarde a su última clase del jueves. Corrió por los pasillos, pero paró en seco en cuanto vio salir al profesor Frank con Eva del despacho de éste. Se escondió para espiarlos; Frank parecía consolarla. “¿Encima?” gritó, incrédulo en su fuero interno. No veía bien que se hiciera la víctima porque lo tenía bastante fácil para decir un NO. Resopló dándose media vuelta y olvidándolo todo, absolutamente todo.
***
-Gracias, profesor-murmuró Eva.
-A ti querida-cogió sus manos-. Verás como todo irá bien-le guiñó un ojo y Eva se fue dedicándole antes una mirada de agradecimiento por haberla escuchado esa hora.
Fue directa a la habitación, había pasado más de una hora desde que llamó a Roberto y no tardaría mucho en aparecer por aquí.
-Claire, menos mal que te piyo…-decía, baja de ánimos al entrar a su habitación.
-¿Lo habéis solucionado tú y Bill?-preguntaba dando vueltas por toda la habitación, buscaba algo.
-Que va-bajó la mirada.
-¿No?-gritó, parándose para observarla-. No te preocupes ya hablo yo con el…-siguió buscando-. Aquí estás-dio un salto cuando encontró su carpeta-. Ahora tengo que irme a clase.
-Me voy a México, Roberto está al llegar-dijo en un hilo de voz.
Claire entre abrió la boca y se sentó, sorprendida y confusa.
-¿No era mañana?
-Cuanto antes mejor-se sentó a su lado.
Claire la miró un segundo, pasó su brazo por encima de sus hombros y la abrazó fuertemente.
-Todo irá bien-le susurró.
Eva iba a decir algo pero la interrumpieron tocando a la puerta.
-Está abierta-gritó Claire.
Esperaron atentas para ver a quien entraba.
-Hola-esbozó una media sonrisa jugando con el picaporte.
-Prepararé mis cosas-dijo a la vez que se levantaba.
Claire miraba a Roberto como se dirigió a ayudar a quien sería su esposa a preparar las maletas para dirigirse a un nuevo futuro.
-¿Vendréis a verme?-se puso en pie, cruzándose de brazos.
Roberto miró a Eva antes de decir nada.
-Sí, claro. ¿Qué iría hacer sin ver a la canija?-bromeó.
-Por supuesto que sí-Eva dio un paso hacia ella-. Que me vaya a…-le costaba decir aquella palabra-… casar no quiere decir que no pueda venir a verte. Y tú tienes que pasar las vacaciones allí-sus ojos se humedecieron y al verla así, corrió a abrazarla.
-Te voy a echar tanto de menos…-la besó en la mejilla.
-Yo también-se separó un poco de ella y secó con su mano las lágrimas que le caían a su mejor amiga.
-Basta, no soporto las despedidas-cogió sus cosas y abrió la puerta-. Deseo que os vaya lo mejor posible-le dedicó una última mirada a su amiga y se marchó.
-¿Me vas a contar por qué nos vamos hoy?-Eva se quitó el rastro de lágrimas girándose para ver a Roberto que pedía una explicación y ella, se la iba a dar como le había dicho.
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TSUPDOAA
Bill Kaulitz es un chico que todo lo tiene, inteligente, atractivo, cariñoso... Junto a su hermano gemelo Tom y sus dos mejores amigos: Georg y Gustav, se van a embarcar en la aventura de pisar por primera vez la universidad donde se volveran locos por las...sí, las chicas.
Pero Bill queda embobado por una rubia pero lo que no sabe el es que tendrá que recurrir a su peor enemiga para poder conquistar su corazón.
La pregunta es, ¿conquistar el corazón de la rubia o el de su peor enemiga? ;D
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